Había llegado hacia pocas horas buscando un poco de paz lejos de las locuras de la gran ciudad.
La isla de Puerto Rico me acogía con un frio y esplendoroso día, el paisaje de las casas volcadas sobre las laderas cubiertas de plátanos y arboles de una extraordinaria altura y belleza de color verde se perdían -visto desde casa- sobre la blanca arena del mar.
Si a esto le agregamos el silencio que me agradaba, estaba en el paraíso buscado.
Estaba en mi hogar. Mucho tiempo había pasado y como ayer todo olvidado.
Es como volver a nacer, como un nuevo amanecer, sin tiempo ni memoria. Soy el matador del Amor o el Asesino -como guste-…no importa.
Coincido con Oscar Wilde que decía: “Cada hombre mata el amor que ama.”
Estoy solo, pero por elección porque no me sentía solo.
Que no quiere decir lejos del dolor y la agonía.
La habitación se sentía cálida, el fuego encendido en la enorme chimenea ardía en todo su esplendor. Había intentado escribir pero mis pensamientos eran tan intensos que tuve que abandonar.
Levante los brazos y me estire junto con un extraño bostezo de deseo, ¿Es que echaba de menos una compañía? ¡Volvían acecharme como perros hambrientos los fantasmas de la noche!
Aun retumban dolorosamente en mis oídos las palabras cuando me despedí de Salome
“¡Perdóname! Pero debo poner punto final a este amor que nos consume; no quiero morir de amor ni tampoco verlo consumirse de tanto usarlo.
Prefiero ser uno más de aquellos que han experimentado el fuego del recuerdo, que lo prefieren a la tibieza del olvido, y reflexionar la maravilla de estar vivo aprovechando el presente pese al dolor y a toda la miseria de la soledad que me acompañara por siempre. Es gritar el amor, no el romántico ni el lastimero, sino el loco e impulsivo. Aquel que susurra nostalgia, no de un modo lacrimógeno, sino el grito alborozado que canta a la esperanza…”
-No lo sé, no podría asegurarlo -me respondí. Cerré los ojos y recuperé los rostros que había amado, las siluetas de las amantes que me cobijaron con su amor.
Hacía varios días que andaba solo y sentía la inquietud de mi pene, el fuego en mi bajo vientre extrañando la ternura de las mujeres y la riqueza natural del deseo.
¡Qué maravilla es tocarse las partes más intimas! Comprender el éxtasis de la belleza viva y la calidez del contacto que a veces puede ser más profunda que la calidez de la visión.
Mi dedo acariciaba la piel delicada y cálida del erecto pene que pugnaba por querer salir del pantalón.
El sonido de la campana de la puerta me sobresalto.
Detesto ser interrumpido en mi intimidad, cada individuo tiene que llegar a explorar su propio espacio y esa es la dignidad, el privilegio de ser humano.
¿Quién es? Pregunte un tanto malhumorado…
¡Soy yo! Lara tu vecina…
¡Lara! La joven y atractiva psicóloga que tengo como vecina.
Solemos vernos en el Club Social, -generalmente en encuentros comunitarios-, alguna que otra vez cenamos juntos. En realidad no me interesa una mujer menor de 40 y creo que ella no había cumplido los 30.
Abrí la puerta y su presencia no me sorprendió.
Sus ojos relucientes y negros me observaban sonriendo.
Sé que acabas de llegar a este tu último refugio. Que estas solo y por lo tanto abierto a una invitación para salir a caminar y a charlar.
Y antes que me digas nada quiero que recuerdes que solías decirme que era una pitonisa porque:
¡Espera, voy a buscar un abrigo!
Presuroso entre a la casa y me dirigí al dormitorio, me cambie la ropa interior y los pantalones; elegí la camisa preferida, me perfume y tomando la chaqueta negra que solía usar a menudo salí nuevamente.
¡Vaya! Que elegantes estas…dijo Lara sonriéndome seductoramente.
-Suelo serlo –comente y una maquina sexual pensé…
Pero sigue hablando, estabas por explicarme el porqué de…
El porqué es simple –continuo Lara- es intentar volver a vivir como al comienzo de nuestra era. Y te he elegido a ti como acompañante. Y creo saber que Nada es más urgente para ti, ninguna cosa es mas alimento, bebida y sueño, que el regreso a tus comienzos. Si las olas murmuran a tu alrededor, entonces tu eres la ola, murmura el bosque, entonces tu eres el bosque; ya no hay más un blanco o un negro, un adentro o un afuera. Vuelas, eres un pájaro en el aire, nadas, eres un pez en la mar. Gustas de la oscuridad, eres la oscuridad, Caminamos, alma, nadamos y volamos y sonreímos y volvemos a anudar con delicados dedos del espíritu los hilos rotos; y dichosamente resuenan las destruidas vibraciones.
Matamos y morimos juntos, creamos y resucitamos con nuestros sueños. Nuestros sueños nos aterran y soñamos con la luz de las estrellas.
Si esto es cierto ¡Ya no busques mas, somos el mundo! Nuestro sueño más hermoso ahora es esta noche iluminada por las estrellas. ¡Ven! Te invito a participar de mis sueños…
Durante un momento –mientras le sonreía- creí reconocer su rostro y recordar su nombre. Una rendija del pasado se abrió y ensanchó hasta la época de la juventud, hasta el tiempo en que tenía 14 años, la edad más espléndida de la vida, cuando todo estaba lleno de aroma y era genial, cuando todo estaba dorado con un aroma apetitoso de pan fresco y un latente encanto de heroísmo y aventura. Reminiscencias e imágenes me asaltaron en tropel, el silencio en la hora de almorzar, las siestas obligadas, los pantalones con los bolsillos llenos de bolitas o piedras para la honda, los juegos en el rio chapoteando en el agua, las pajas para ver quien la tiraba más lejos, las naranjas robadas en nuestras propias quintas, los escarceos y toqueteadas con las amigas, el futbol, las misas de los domingos e íntimos remordimientos de conciencia…
Lara se detuvo, acerco su rostro de rasgos juveniles y expresivos, sus ojos atentos seguían a los míos.
¡Me gusta este lugar! Me gusta como escuchas y consientes mis palabras. Doy por sentado que por hombre, de mi te has interesado.
¿Hay… dulce Lara!
¡Sabes cuántas noches hay en torno mío! ¡Cuántos caminos tortuosos, angustiosos y duros recorridos!
Muchas veces agachado o arrastrándome pasando un vado, nadando hundiéndome en el lodo, en el descredito o en la deshonra, trepando arrastrándome por perverso muros llanos. Llorando y desanimándome, gimiendo atemorizado y aullando con llanto doloroso. Pero sigo adelante caminando y padeciendo, aunque deba abrirme paso a mordiscones.
¡Marcos! Ambos sentimos lo mismo.
La regla fundamental de la vida es superarse a sí misma, una y otra vez.
No puedes conocerte tal como eres. Tienes que aprender más silencio, refinar tus oídos, tienes que ser más poético, más sensible, tienes que estar más alerta, tienes que ser más meditativo, mas lleno de gracia.
Es fácil engañarse a uno mismo creando una falsa identidad.
¡No me preguntes, pero sé que has caminado mucho. Tu búsqueda fue muy intensa y ahora estas dejándola de lado. Por eso mi invitación, por eso quiero que busquemos juntos el camino.
El camino no existe, debe de ser creado caminando y tú has logrado mucho buscándolo. Debes retomarlo y seguir los mismos pasos de los ríos que no tienen ningún camino, nadie los guía ni tienen una dirección, Comienzan su viaje sin saber cuál es su camino, tratando de encontrarlo en las montañas, en los valles, en las planicies. Para después de miles y miles de kilómetros finalmente encontrar el océano.
¿Por qué habría de ser diferente con el hombre?...
La escuchaba con ternura…había logrado llamar mi atención.
-Pero que podía decirle-
Sin darnos cuenta nos teníamos de la mano. Nos habíamos alejados distraídos en la charla y ahora serios, desorientados y tímidos en la oscuridad, nos quedamos en silencio mientras los dedos temblorosos jugueteaban sobre la mano y el brazo del otro.
¿Siento un poco de frio! Dijo Lara
¿Podemos volver a la casa?
-Claro que si murmuré- mientras me sacaba la chaqueta y la cubría con ella.
Fue solamente durante una fracción de segundo, como un relámpago el rostro de Lara volvía a contemplarme, inquietante, conocido a medias. Ya no estaba seguro de mi edad, era posible que ambos fuéramos todavía jóvenes.
¡Mira! Yo quisiera…no.
-Nada, sigamos-
¡No…Dime lo que ibas decir!
¡No sientes lo mismo que yo! Acaso no puedes ver en mí una mujer que solamente quiere ser amada.
¡Crees que por ser un hombre de mundo soy demasiado joven para ti!
¡No…No…Lara! ¡No es eso!
¿Y qué es? Pregunta tomándome de los brazos.
-No quiero que sufras -le digo acariciando su rostro.
-Hay veces como en este momento que percibo estar enamorado, como el viento de una mañana de abril, o como un día nebuloso de setiembre; huelo tu perfume, deseo tu sabor, experimento oscuras y delicadas sensaciones en alguna parte, en la piel, en los ojos, en el corazón. Son momentos que una ternura infinita me cobija para brindarla a quien amo.
Hoy te amaría, pero mañana…
Perdóname, pero no se mentir.
¡El mañana no llego! Suplica Lara elevando apenas la voz
¡Y tenemos toda la noche para disfrutarnos!
O acaso vas a negar el deseo que se expresa en ese bulto apretado contra mi vientre.
La apretaba fuertemente y ella había sentido el deseo fuertemente
¡Vamos a casa! Me haces falta -murmuro inconsciente de pasión.
Nos mirábamos con una intensidad que pocas veces se da.
Y, de repente, estábamos desnudos en la misma cama, no en otra, en la que yo dormía y soñaba por la noche.
-Yo sueño sin saber si estuve ausente de mi alguna hora, o quizás algunos días-
Durante un momento la contemple como si de ella dependiera mi propia vida y la del universo entero. Sentía necesaria esa pesquisa previa para que el universo continuara.
Entonces pude ver su rostro, tan extraño como en mis sueños, tan concentrado, tan lejano.
Un hombro y un pecho estaban descubiertos: debajo de la sabana se levantaba la suave curva de su vientre.
¡Qué raro que en las expresiones de amor, en las poesías, en las cartas amorosas, se hablase siempre de los dulces labios y mejillas y nunca del vientre y de las piernas!
¡Hipocresía! ¡Nada más que hipocresía! La contemple un buen rato Cuantas veces me fascinaría y seduciría aun con ese hermoso vientre, ese seno y esos blancos, sanos, fuertes y cuidados brazos y piernas; tomaría de mi goce y placer, para descansar y dormir luego profundamente, sin dolores, sin temor, satisfecha y sin sospecha, como duerme un sano animal. Y yo yaceré a su lado insomne, con los nervios crispados y el corazón lleno de angustia. ¿Cuántas veces más? ¿Por cuánto tiempo más? ¡Oh, no, no duraría ya mucho, unas pocas veces más, quizás nunca más!
Me estremecí.
Si, si, ahora lo sabía: ¡nunca más!
Dando por cumplida aquella condición, la tome delicadamente de sus brazos atrayéndola hacia mí, y de repente, la sentí pequeña en el abrazo, pequeña y agradecida haciéndose deseable. Infinitamente mis vasos sanguíneos parecían hervir por un intenso y tierno deseo de ella, de su suavidad, de la intensa belleza al sentirla en mis brazos, inundando mí sangre.
Y delicadamente, con aquella maravillosa caricia ausente de su mano, en un deseo puro y leve, dulcemente acaricie las onduladas laderas de su vientre, bajando y bajando entre suaves y ansiosos temblores, acercándome, más y más al tesoro mas preciado. Sabía que ella lo sentía con una llamarada de deseo y tiernamente esperaba fundirse en esa llama. Y se abandono…
Sentí mi pene elevarse contra ella con una fuerza silenciosa, deslumbrante y potente y se entrego con un estremecimiento como de agonía, abriéndose por completo.
Al sentirme dentro de ella me estremecí, fue un empuje de paz, de enorme ternura, como aquella que Adán le dio a Eva en el que fue el origen del mundo en sus comienzos.
Y ella se parecía como el mar, como sus olas alzándose y bajando con fuerza, y en su interior las profundidades se removían y agitaban en oleadas amplias e interminables., subiendo y bajando en busca quizás de alguna playa para volver adentrarse en las profundidades de aquellos suspiros estremecedores que exhalaban la ofrenda virginal.
Con una convulsión suave y estremecida la consumación se extendió sobre ella y ella se fue.
¡Había nacido una Mujer!
Y ahora que le digo- me pregunte
¡Si nunca miento! Sera esta la primera vez…
¡Magnifico, maravilloso, hermoso!
Seguramente en su consciente fue la maravilla-
Su cuerpo se apretaba con un amor tierno contra el mío sin dejar de acariciar mi pene que parecía adherido a su mano tratando mansamente de volverlo a su lugar.
¡Ha sido tan perfecto, me has dado tanto placer!
Que podía decirle- simplemente la bese con toda la ternura posible.
Me amas ¿no? Pregunto
¡Sí!
¡Dime que me amas!
¡Si cariño, lo sabes!
Me quede en silencio.
Se apretó aun más contra mi cuerpo, y en aquella absoluta e incomprensible quietud sus manos lograron volver hacerme sentir la lenta, casi parsimoniosa pero impetuosa y erecta ascensión del pene. Sentí todo su ser estremecerse, inconsciente y vivo como un plasma.
Con la misma suavidad de un viejo amante la volví a penetrar; ella dejo escapar un leve grito de lujuria y de placer, no sabía bien lo que era, solo que nunca lo había soñado, algo que superaba en delicia a cualquier cosa imaginable.
Era eso y nada más.
Su cuerpo traspirado sobre el mío se movía al compas de sus murmullos, a veces parecían plegarias, otras un canto monacal, otros sollozos, mientras su cabeza seguía el mismo ritmo.
Toda mi piel era una mano que acariciaba y era acariciada. Todo mi olfato no bastaba para recoger el olor de su carne en promiscuos rincones. No hablaba ninguno de los dos.
Sus cabellos por momentos oscurecían mi visión sobre sus ojos iluminados, perdidos en vaya a saber que pensamientos. En que ansiedades, en que goces, en que profundidades olvidada de sí misma, ausente sin saber por cuánto tiempo,
Respondía con desfallecimiento y exaltaciones nunca experimentados –como llego luego a confesarme-
Era como una ilusión abrumadora, brutal e incestuosa, más real que la realidad misma.
Gimió con una extraña expresión en su rostro que reflejaba satisfacción, dicha y emoción al punto de derramar unas lágrimas que se perdían al resbalar entre sus labios abiertos.
El gemido y el sollozo de ella duraban en mis oídos. Permanecía en mi boca su sabor, en mi nariz el olor de sus ingles y de su sexo. La palidez de sus muslos en mis ojos, la morbosa belleza de sus pechos en mis manos, la presión de sus piernas en mis costados y mis riñones...
Sus manos vagaban sobre mi cuerpo sin dejar de acunar mi virilidad en ellas.
¿Cómo es posible hallar tanta belleza, tanta ternura, tanto goce? Exclamo de repente
¡Que podía responderle! No dije nada y volví a besarla suavemente comprendiendo que acababa de nacer.
¡Es tan hermoso, tan puro, tan delicado! me hace desearlo…
Se incorporo y quedo sentada.
Miraba fascinado sus senos que se mecían suavemente como campanas e instintivamente apreté sus pezones. Fue un pequeño acto fugaz, que le produjo un estremecimiento y sus ojos volvieron a relampaguear de deseos.
Me deslice de la cama dándole la espalda, desnudo, blanco por culpa del invierno y con una tremenda erección.
Me acerque a la ventana para mirar al exterior por entre las cortinas y hacer tiempo para bajarla.
¡Ven! -exclamo
¡Estoy caliente de deseos!
Recogí una almohada del suelo y me di vuelta tapándome con ella para que no viera mi falo erecto.
¡Por favor! Arroja eso y déjame ver tu desnudes.
-Es que tu juventud me inquieta- murmure mientras dejaba caer la almohada
Si fueras mayor me parecería natural.
¿Y qué es ser mayor para ti?
De 40 años más o menos.
¡Tengo 30! Me miraba fijamente
Te sumaste por lo menos cuatro.-agregue…
No importa, solo preguntaba desde el corazón de mujer.
Me encanta tu cuerpo desnudo iluminado por la luz de las velas
Deseo acariciar ese blanco vientre y tu pene erguido y babeado que se alza desafiante por entre esta maraña de pelos muy negros.
Me aproximo hacia ella que extiende su mano y lo aferra delicadamente.
¡Siempre que ve una mujer esta así!
-Que quieres decir-
¡Orgulloso, soberbio, y grande.
Aterradoramente hermoso y deseable.
¡Así es! –Como lo dices
¡Pero por ti y para ti!
¡No me hables así! Tengo miedo de creerte
Estoy aprendiendo cómo son los hombres y como nosotras peligramos en situaciones como esta.
¡Estoy medio aterrada de esta seducción que ejerces en mí!
¡Pero es tan hermoso exclamo mientras se abrazaba a mis caderas y sus pechos colgantes oscilaban sobre la punta del tenso pene mojado.
Capto la humedad y abriendo sus labios como en una sonrisa de bienvenida lo abrazo con su boca mientras con una mano se apartaba el cabello de la cara.
Una arcada la desoriento, me miro con ojos suplicantes…
¡Tonta… No puedes introducirte todo de repente!
¿Acaso nunca has chupado un pene?
¡No! Nunca. Y jamás lo hubiera hecho
Entonces déjala y ven a mis brazos. ¡No tiene importancia!
¡Por favor, quiero hacerlo, saber de este misterio que el de estar enamorada o estarme enamorando. Lo deseo ardientemente, pues sentirlo en mi boca es tenerte prisionero del placer.
¡Enséñame! La vida adquiere más valor cuando uno empieza a vivir más despacio y aprendiendo.
Nadie me enseño lo que la omnipotencia del amor puede llegar hacer, y para mi es volver al comienzo de nuestra era.
Y saber que soy yo, sobre poco más o menos, la que acaricia, la que desea, la que mira.
Tome su rostro con las dos manos y la bese en la boca.
-No sientes que mi compañía, quizás te resulte placentera al convivir, esperar cosas juntos, conseguirlas –insistió Lara
¡Si…Si! murmure
Y la bese nuevamente. Al principio el beso fue tranquilo; luego ya no.
Nuestras bocas ahora se devoraban, nos debatimos entre fogosos y hambrientos recorridos, codiciosos descubrimientos, y correspondencias sabias y tantean tés a la vez. Sus manos acariciaban mi cara sin permitirme mirar más que a ella que silenciosamente observaba el movimiento de mis ojos; entreabierta la boca y jadeante, los ojos perdidos como quien ha hecho un feliz descubrimiento o recibido una gran sorpresa , con una alegría física incomparable ruborizándole las mejillas, humedeciéndole la frente, el cuello, entregada y deslumbrada..
La quemante proximidad de su cuerpo no me permitía atender a otra cosa.
Había provocado al Amor y la Mujer ocupaba ahora su lugar.
Con cierto esfuerzo me levante lo suficiente para apoyar su cabeza sobre la almohada mientras mis labios comenzaban un lento descenso por su cuerpo, besando y lamiendo su piel provocándole continuos gemidos.
Abrí suavemente sus piernas dejando expuesta a mi contemplación su esplendida figura y su más preciado tesoro. Mi cara se perdió entre sus muslos, y mi boca abrazo sus labios mayores. Su vientre se estremeció y se extendió por todo el cuerpo, un suspiro de agonía se escapo de sus labios, y su corazón pareció enloquecer cuando mi lengua separaba sus labios menores deslizándose con experiencia y suavidad, recorriendo cada cavidad de su interior uniendo sus flujos a mi saliva para atrapar ávidamente su clítoris vigoroso e imponente desafiando a mis dientes que se aferraron para aprisionarlo con una enorme dulzura. Los chasquidos de mi boca sorbiendo sus flujos y sus ahogados gemidos eran los únicos sonidos de aquella magnifica noche.
Aspiré su intenso olor a pasión. Con lujuria besaba su intimidad y la lengua recorría lentamente la orilla de aquella playa escondida, tremendamente sensible a mis caricias que daban a entender la respiración de Lara y sus gemidos. Mi saliva se unía a la savia que manaba de su interior, intensa y embriagadora. El olor penetrante me emborrachaba, sus piernas se cerraron sobre mi cara, sus gemidos eran maravillosos, los flujos eran cada vez mayores. Acerque el dedo índice a la entrada de su vagina, y mientras mis labios y mi lengua jugaban con su clítoris, mi dedo comenzaba a penetrar lentamente en círculos rozando las paredes. Cuando la penetraba, con la yema del dedo acaricie su punto G que estaba grande como un poroto, de su garganta salió un ronco gemido de placer seguido de unas leves convulsiones. Al dedo índice le siguió el del corazón, luego el anular; cada vez penetraban más profundamente, y el ritmo aumentaba en la misma proporción pronto a estallar como un volcán en erupción.
Las contracciones de su vientre y de su cuerpo me anunciaron el estallido y brotaron como un enorme río para correr por sus muslos y nalgas hacia mi boca. Lamí y bebí con fruición, como si estuviera en medio del desierto.
El cuerpo de Lara se aflojo y permaneció allí, sobre la cama, más hermosa que antes, serena y relajada. La expresión de su rostro se suavizaba rápidamente como sobreponiéndose a la agonía; luego comenzó hablar:
¡Marcos…mi amor!...jamás imagine algo así,- dijo con un hilo de voz
Por qué lo hiciste -le pregunté
-Digamos porque tú me enseñaste. Nunca creí que podría llegar amar así.
¡Y tú!
-Quizás porque pensaba que nunca más besaría así.
De inmediato me arrepentí ¿Por qué comparar?
Nos besamos con un beso tan prolongado y hondo como si nunca lo había dado ni recibido antes.
¡Eres mi hombre!
Me fascina acariciarte -.dice con una cautivante sonrisa mientras aferra mi sexo adormecido, y comienza a introducírselo lo más profundamente posible.
¡Espera, exclamo ya vencido
. Primero lo agarras con todos los dedos en la parte de abajo y con mucha suavidad recorres su piel de abajo arriba, sucesivamente deteniéndote en el surco que separa el tronco de la cabeza o glande como en realidad se llama. Si deseas dar placer concéntrate sólo en el glande, que esta hinchada y roja como nunca, lamiéndola o succionándola.
Esto es lo básico de una masturbación masculina.
Pero en realidad no es importante. Lo fundamental es el deseo de los dos, es el amor, la ternura que sientes por el ser amado.
¡Entonces tú me amas porque la tienes parada y muy dura!
¡Es cierto! Te deseo por las razones que acabo de comentarte.
Soy tuyo y puedes usar tu imaginación para hacer lo que desees…
Sentía el calor de su mano sobre el miembro cuando lentamente se lo llevo a la boca
Iniciando un rítmico movimiento arriba y abajo, sacándolo casi totalmente, para luego volver a absorberlo golosamente. Su lengua era fuego alrededor provocándome placer intenso... como una melodía de Vivaldi terminando. Después de unos momentos, lo sacó del todo, y empezó a recorrer el glande hinchado; primero casi como con precaución, después de forma más decidida
No dejaba de moverse en círculos sobre él. Me apoyé sobre los codos y disfruté del espectáculo que me ofrecía. Me fascinaba verla lamerla y a humedecerla con su saliva.
Era una extraordinaria sensación de bienestar, la sentía mi esclava, de mi pertenencia, como prohibido. No tenían nada que ver ni sus manos, dedos o lamidas, solo podía hacerme estremecer de goce esta ternura que despertaba en mi su inocencia casi juvenil y su alegría. La sensación era irresistible creía desfallecer, como creía que nunca más podría volver a gozar.
Mientras tanto mi mano bajo hasta su clítoris que estaba caliente e hinchado. Pero al parecer ella tenía la intención de concentrarse sólo en mí y me hizo sacarlas.
Solamente atiné a acariciar sus cabellos preparándome a disfrutar.
Ella había comenzado a morderla suavemente, sus dientes se hincaban sobre la piel de mi miembro y me hacían estremecer, cuando lo notaba optaba por succionar golosamente la cabeza que derramaba sus flujos naturalmente absorbiéndolos. A veces suspendía sus movimientos preguntándome si quería acabar porque deseaba tragar mi semen.
Por el contrario no suelo terminar –le comente- sigo la búsqueda de lo sublime, más allá del placer, el éxtasis.
Me miro con los ojos brillantes por la excitación y volvió a continuar masturbándome, las sensaciones eran de lo más fuerte y ella se esforzaba en hacerme sentir lo mejor. Fue cuando decidió hacer los movimientos de una penetración, y moviendo su cuello hizo que mi órgano entrara y saliera de su boca nuevamente, sus labios apretaban firmemente y con la mano se ayudaba para que mi prepucio no cubriera el glande y permaneciera expuesto e hinchado. Con su lengua no perdía oportunidad de lamer lo que encontrara y ayudaba a hacer más fuertes los movimientos, chupaba con mucho entusiasmo y yo alcanzaba el éxtasis, mientras seguía chupando y su lengua frotando mi frenillo. No pude contenerme y grite salvajemente musitando su nombre.
Me miro profundamente mientras sus dedos jugaban en la vulva; con una sonrisa se quedo boca arriba con el cuerpo sudado y el penetrante olor a sexo que cubría todo el cuarto.
¿La has pasado muy bien? Le pregunte a su lado.
¡Maravillosamente! Ha sido un polvo cósmico
¿Tendría tu existencia menos sentido si vivieras conmigo?
Me quede pensando, al fin conteste –Pudiera ser –
Entonces ¿Cuál es el sentido?
No lo sé, es algo que no se ve. El mundo no tiene futuro y si lo tuviera tendría que ser muy
Diferente de este.
¿Quieres que te diga la verdad? Siento algo dentro de mí, no sé si odio, miedo o amor. Todo es muy confuso.
¡Yo te lo diré! Lo dice poniéndose en puntas de pie para mirarme directamente a los ojos.
¡Tú tienes algo que muchos hombres quisieran tener pero que jamás lo tendrán!
¿Me escuchaste?
¡Si…te escuche mujer! ¡Dímelo!
-El coraje de mostrar tu propia ternura, tu llanto, tu piedad, tu solidaridad…
¡Y también tus groserías como cuando me tocas el culo o miras mis pechos cuando me agacho.
¿Cómo puede ser si esta es nuestra primera noche?
¡Tú lo has dicho! ¡Esta es nuestra primera noche, ya lo veras…ya lo veras…
viernes, 27 de noviembre de 2009
jueves, 23 de julio de 2009
AMANECER
Amanece. El sol irrumpe lentamente en el horizonte. El mar se desliza suavemente sobre la arena. Como buscando encontrar algún refugio para quedarse... La arena es mujer, le dice que lo esperara y el siempre vuelve. Dos figuras en la playa. El, un hombre fornido, de gran estatura. Ella una mujer joven, pero con mirada ancestral, rubia y de figura desafiante. De mirada con el color de los trigales. Él esta en pijama, de color azul. Había bajado hasta la playa. No podia dormir. Grandes preocupaciones le quitaban el sueno... Ella está elegantemente desnuda. Él se encuentra inseguro y titubeante. Ella es la seguridad inconsciente. Él está de espaldas al mar, de pie, con la cabeza gacha y las manos sobre el abdomen. Ella mira al mar, sentado en la arena, con las piernas recogidas y sus brazos rodeándolas. El viento sopla suavemente.
Ella: ¿Lo sientes?
Él: ¿Qué cosa?
Ella: El viento, tonto. Óyelo.
Él: Ya lo oigo... ¿y?
Ella: No, no... Lo estás escuchando. Óyelo.
Él: ¿Cuál es la diferencia?
Ella: Si lo escuchas significa que lo intentas comprender, y no se trata de eso.
Él: ¿Y de qué se trata entonces?
Ella: De sentirlo.
Él: ¿Y cómo he de sentirlo?
Ella: Oyéndolo.
Él: No lo entiendo.
Ella: Ya lo entenderás.
Él: Explícamelo tú.
Ella: No puedo.
Él: ¿Por qué?
Ella: Porque eso significaría que lo comprendo, y no se trata de eso.
Él: ¿Y de qué se trata entonces?
Ella: Ya te lo he dicho, de sentirlo.
Él: No lo entiendo.
Ella: Ya lo entenderás.
Él: ¿Cuándo?
Ella: Ojalá lo supiera.
Él: ¿Por qué dices eso?
Ella: No lo sé. Vino a mi mente.
Él: ¿Vino a tu mente?
Ella: Vino.
Él: ¿Desde muy lejos?
Ella: El sarcasmo no te sirve. Pero si, desde muy lejos...
Él: Vaya...
Él se da media vuelta y mira al mar. Ella continúa sentada, pero ahora apoya las manos detrás de su cuerpo, e inclina la cabeza hacia atrás.
Él: ¿Por qué estás desnuda?
Ella: Porque me siento cómoda.
Él: Pues yo no.
Ella: ¿Por qué?
Él: Porque estás desnuda.
Ella: Porque yo estoy cómoda te hace sentir incómodo.
Él: No, no es eso.
Ella: ¿Qué entonces?
Él: Estoy incómodo porque estás desnuda.
Ella: Bueno, pues continúa dándome la espalda, así no me ves.
Él: Da igual, sigo incómodo.
Ella: ¿Por qué?
Él: Porque sé que estás desnuda.
Ella: Siempre lo estoy.
Él: Eso no es verdad, te he visto muchas veces con ropa.
Ella: Pero estaba desnuda.
Él: Llevabas ropa.
Ella: Pero debajo de la ropa estaba desnuda.
Él: Ya, pero yo no lo veía.
Ella: Tampoco lo ves ahora.
Él: No es lo mismo.
Ella: Tienes razón.
Él: ¿Tengo razón?
Ella: Sí, cuando llevo ropa, puedes mirarme, aunque sepas que estoy desnuda. Cuando no llevo ropa, no puedes mirarme, y aun estoy desnuda. Es eso, ¿no?
Él: No lo sé.
Ella: Es lo que has dicho.
Él: Suena confuso.
Ella: Sí
Él se da la vuelta nuevamente y la mira. Ella se mantiene en la misma posición.
Él: Vaya, ahora estás más desnuda que antes.
Ella: ¿Se puede estar más desnuda que desnuda?
Él: Antes estaba acurrucada.
Ella: ¿Y?
Él: Y... y no se te veían los pechos.
Ella: Bien. ¿Y qué tal?
Él: Bonitos.
Ella: ¿Bonitos?
Él: Preciosos.
Ella: ¿Preciosos?
Él: Maravillosos.
Ella: Pues yo siempre había creído que eran pequeños.
Él: ¿Y aún así te sientes cómodo estando desnuda?
Ella: Sí.
Él: No lo entiendo.
Ella: No tienes por qué entenderlo.
Él: Pero yo quiero entenderlo.
Ella: ¿Por qué?
Él: Porque me gustas, eres mi amiga, te aprecio...
Ella: No hace falta que me entiendas. Siénteme.
Él: ¿Cómo?
Ella: Como al viento. Óyeme.
Él: Yo creía que entender era importante.
Ella: Quizás te equivocas.
Él: ¿Quizás?
Ella: Oye, yo no lo sé todo. Despierta.
Él: ¿Estoy dormido?
Ella: Eso parece.
Él: Entonces, ¿estoy soñando?
Ella: Sí.
Él anda hasta ella y se sienta a su lado. Ella vuelve a acurrucarse, rodeando sus rodillas con sus brazos.
Ella: Vaya, ya no te doy miedo.
Él: ¿Miedo?
Ella: Miedo, incomodidad... llámalo como quieras,
Él: Quizás me sigues dando miedo, quizás me estoy dando cuenta que me estoy haciendo viejo.
Ella: ¿Qué quieres decir?
Él: No lo sé, vino a mi mente.
Ella: Tocado y hundido.
Él: Oye. Si esto es un sueño, ¿despertaré mañana y tú ya no estarás?
Ella: Depende.
Él: ¿De qué?
Ella: De ti.
Él: Mírame.
Los dos se miran. Él acerca sus labios a los de ella. Se besan un instante y separan sus labios. Continúan hablando mirándose a los ojos.
Ella: Eso ha estado bien.
Él: Sí.
Ella: ¿Cómo sabías que yo también deseaba besarte?
Él: No lo sabía. No se trata de eso.
Ella: ¿Lo sentiste? Aprendes rápido.
Él: Bueno... No exactamente.
Ella: ¿Qué quieres decir?
Él: No lo sentí. Sólo me arriesgué. Pura suerte.
Ella: Vaya, aun te queda mucho que aprender.
Él: Con una profesora como tú, espero tener siempre algo nuevo que aprender.
Ella: Qué cursi, ¿no?
Él: Bueno, yo soy así. ¿Qué le vamos a hacer?
Se oyen unos trinos matinales de pájaros.
Ella: Escucha. Pájaros. Gorriones. ¿En la playa?
Él: No puedo escuchar.
Ella: ¿Por qué?
Él: Porque intento oír.
Ella: Cállate y dame un beso.
Él: ¿Sólo un beso?
Ella: Arriésgate.
Él: Pues vale.
Sus labios van a unirse, pero él se para y continúa hablando, más cerca de ella que antes.
Él: ¿Te he dicho que te quiero?
Ella: Calla, tonto.
Él: Pero, ¿y si me despierto?
Ella: ¿Qué más da?
Él: No quiero perderte.
Ella: No me perderás.
Él: ¿Cómo lo sabes?
Ella: No lo sé, lo siento.
Él: Eres tan bonita...
Y ella lo besa apasionadamente...
Martes, 11 de septiembre de 2001 03:35
¡¡JUSTICIA!!
Marcos se sentía inquieto ante el silencio sepulcral que imperaba en el oscuro comedor alumbrado solamente por unos cirios páscales, mientras los comensales devoraban con fruición, un exquisito plato de camarones que se había servido como entrada.
El grupo de invitados era bastante curioso, 7 mujeres mayores de rostros torvos, mirada gélida, aspecto severo, vestidas en forma monacal, que no levantaban la cabeza del plato.
La anfitriona era su tía Ethel, una persona impredecible, de hábitos fuera de lo común, solterona recalcitrante, algo extrovertida, que en esta ocasión esporádicamente cuchicheaba algo con su vecina.
Al lado de Marcos estaba sentada su prima Claudia, una joven algo tímida, impresionada por este ambiente opresivo, sin saber por qué su tía Ethel los había invitado a esta comida.
Una vez terminado el postre, se encendió una enorme pantalla que estaba inserta en una de las paredes del comedor y se inició lo que parecía la proyección de una película.
Una de las señoras del grupo de las 7, se levantó y señalando las imágenes que se proyectaban, dijo con voz cascada a la concurrencia:
• Carlos Rioja de 45 años, sufrirá en los próximos días un accidente de tránsito, donde morirá...
Un murmullo de espanto recorrió el salón, Marcos y su prima estaban impactados con esta revelación, a pesar de desconocer al personaje en cuestión.
• Dígame, hermana Hay, ¿hay algún antecedente de este señor? - preguntó la señora de voz cascada.
• Así es, el señor Rioja posee un orgullo desmedido, se considera alguien muy especial, carece de humildad y jamás reconoce un error que haya cometido...
No alcanzó a terminar la frase, cuando la señorita Hay-Bruma, la más anciana del grupo, dijo en tono recriminatorio:
• ¡Pobres secretarias de Rioja! Las persigue, las hostiga, las acosa hasta convertirlas en esclavas de sus deseos...
La hermana Hazard que dirigía el debate, dictaminó:
• No intervengamos entonces, dejemos al destino que cumpla su cometido...
A continuación, apareció en la pantalla, una hermosa joven, alta, escultural, rodeada de una manada de lobos que la acechaban babosos.
• Natalia Rocamora, de 24 años, será víctima fatal de una emanación tóxica que se producirá en su departamento de soltera...
Las ancianas revisaron sus apuntes particulares y no se encontró antecedente alguno relacionado con esta joven. La hermana Hay comentó en voz alta:
• ¡Qué raro me parece! No tenemos información alguna de su vida...
Claudia que observaba fijamente la pantalla, después de algunas cavilaciones, se levantó de su silla y dijo:
• Tía Ethel, esa muchacha se parece mucho a la amiga del tío Carlos... tu marido
• Tienes razón, Claudia, es nada menos que la señorita Regina...
Las viejas al escuchar aquel nombre, se zambulleron en sus apuntes y se abrió un dossier repleto de anotaciones.
Una acalorada discusión se produjo entre las integrantes del comité, se culpaban unas a otras por el error de llevar una estadística asociada al nombre de batalla de Natalia Rocamora. Al cabo de unos minutos, la hermana Hay-bruma se levantó y con voz grave comunicó la sentencia final:
• Por carecer de antecedentes, hemos decidido intervenir el destino y evitaremos que la joven Natalia esté presente en su departamento, al momento de la emanación tóxica.
La tía Ethel quedó sorprendida por tal decisión, ya que ella conocía bien a la Regina y sabía de su licenciosa vida, atiborrada de hombres (entre los cuales se contaba su marido) que desfilaban por su departamento día y noche.
• Hermana Hay-bruma, creo que comete un grave error con su decisión, ya que Natalia y la Regina son una misma persona...
• Eso ya lo sabemos, pero como no tiene anotación alguna en los registros de la hermana Hay y por tratarse de alguien muy joven, estamos obligadas a intervenir en su destino.
La tía Ethel meditó un rato y después se acercó donde sus sobrinos para decirles:
• En verdad, parece una decisión justa, ya que la pobre Regina tendrá muchos defectos, pero jamás ha sido soberbia. Al menos, ese pecado capital no ha cometido...
El grupo de invitados era bastante curioso, 7 mujeres mayores de rostros torvos, mirada gélida, aspecto severo, vestidas en forma monacal, que no levantaban la cabeza del plato.
La anfitriona era su tía Ethel, una persona impredecible, de hábitos fuera de lo común, solterona recalcitrante, algo extrovertida, que en esta ocasión esporádicamente cuchicheaba algo con su vecina.
Al lado de Marcos estaba sentada su prima Claudia, una joven algo tímida, impresionada por este ambiente opresivo, sin saber por qué su tía Ethel los había invitado a esta comida.
Una vez terminado el postre, se encendió una enorme pantalla que estaba inserta en una de las paredes del comedor y se inició lo que parecía la proyección de una película.
Una de las señoras del grupo de las 7, se levantó y señalando las imágenes que se proyectaban, dijo con voz cascada a la concurrencia:
• Carlos Rioja de 45 años, sufrirá en los próximos días un accidente de tránsito, donde morirá...
Un murmullo de espanto recorrió el salón, Marcos y su prima estaban impactados con esta revelación, a pesar de desconocer al personaje en cuestión.
• Dígame, hermana Hay, ¿hay algún antecedente de este señor? - preguntó la señora de voz cascada.
• Así es, el señor Rioja posee un orgullo desmedido, se considera alguien muy especial, carece de humildad y jamás reconoce un error que haya cometido...
No alcanzó a terminar la frase, cuando la señorita Hay-Bruma, la más anciana del grupo, dijo en tono recriminatorio:
• ¡Pobres secretarias de Rioja! Las persigue, las hostiga, las acosa hasta convertirlas en esclavas de sus deseos...
La hermana Hazard que dirigía el debate, dictaminó:
• No intervengamos entonces, dejemos al destino que cumpla su cometido...
A continuación, apareció en la pantalla, una hermosa joven, alta, escultural, rodeada de una manada de lobos que la acechaban babosos.
• Natalia Rocamora, de 24 años, será víctima fatal de una emanación tóxica que se producirá en su departamento de soltera...
Las ancianas revisaron sus apuntes particulares y no se encontró antecedente alguno relacionado con esta joven. La hermana Hay comentó en voz alta:
• ¡Qué raro me parece! No tenemos información alguna de su vida...
Claudia que observaba fijamente la pantalla, después de algunas cavilaciones, se levantó de su silla y dijo:
• Tía Ethel, esa muchacha se parece mucho a la amiga del tío Carlos... tu marido
• Tienes razón, Claudia, es nada menos que la señorita Regina...
Las viejas al escuchar aquel nombre, se zambulleron en sus apuntes y se abrió un dossier repleto de anotaciones.
Una acalorada discusión se produjo entre las integrantes del comité, se culpaban unas a otras por el error de llevar una estadística asociada al nombre de batalla de Natalia Rocamora. Al cabo de unos minutos, la hermana Hay-bruma se levantó y con voz grave comunicó la sentencia final:
• Por carecer de antecedentes, hemos decidido intervenir el destino y evitaremos que la joven Natalia esté presente en su departamento, al momento de la emanación tóxica.
La tía Ethel quedó sorprendida por tal decisión, ya que ella conocía bien a la Regina y sabía de su licenciosa vida, atiborrada de hombres (entre los cuales se contaba su marido) que desfilaban por su departamento día y noche.
• Hermana Hay-bruma, creo que comete un grave error con su decisión, ya que Natalia y la Regina son una misma persona...
• Eso ya lo sabemos, pero como no tiene anotación alguna en los registros de la hermana Hay y por tratarse de alguien muy joven, estamos obligadas a intervenir en su destino.
La tía Ethel meditó un rato y después se acercó donde sus sobrinos para decirles:
• En verdad, parece una decisión justa, ya que la pobre Regina tendrá muchos defectos, pero jamás ha sido soberbia. Al menos, ese pecado capital no ha cometido...
domingo, 28 de junio de 2009
¿DESTINO? -cuento-
Caminaba con dificultad por el sendero, y no era para menos. Hace tres días que no come y la herida que tiene en su cintura supuraba un pestilente y sanguinolento líquido de pus. La fiebre le hacía perder la noción de tiempo y espacio, pero el miedo a la muerte le impedía desmayarse.
Piensa en su familia y toma fuerzas. Piensa en Dios, se siente abandonado por Él. En su delirio le reclama con insistencia ¡! Señor, no me abandones por favor!! Perdona mis pecados, salva mi vida y te prometo ser un servidor tuyo... el viento que sopla en el desierto parece aullar y el sol lo adormece. Recuerda que salió para cerrar unos negocios en la ciudad, que le compraría algún regalo a su única hija y un precioso reloj a su mujer, que le llevaría una semana por lo menos, así que por ese tiempo nadie se preocupará. Y para entonces, estará muerto.
Nadie pasa por allí. El sol dibuja espejos en el horizonte y perlas en su frente. Una raíz que sobresale de la tierra, le enlaza el pie y queda tendido sobre el polvo del camino. ¿Para que levantarse? Cierra los ojos y duerme. Sabe que no va a despertar, pero se duerme.
Una figura se detiene a su lado, baja del caballo y da vuelta el cuerpo del moribundo, y mientras escupe entre dientes hacia un costado del camino dice: - ¡al fin...
El fresco de la noche lo despertó. Abrió los ojos y vio las estrellas a través de las ramas de un majestuoso e imponente ombú, bajo el cuál se encontraba tendido sobre unas frazadas. Intento levantarse pero una mano lo retuvo del hombro.
- Cuídese amigo! Todavía está débil. Hace muchos días que esta allí, y le aseguro que la Muerte todavía lo está rondando.
El hombre viejo siguió afilando su facón y no dijo más nada. El Herido lo miró unos segundos, y ante la indiferencia de su sanador, agradecido a Dios y rendido, se durmió, esta vez con sueño de tranquilidad.
A la madrugada partieron en silencio. De la boca del viejo no salían palabras y el Herido preguntó: - - ¿adónde vamos?
- - - A Carmen de Areco...
- - - Fantástico!!! , Dijo el herido. Allí tengo parientes que le agradecerán haberme salvado la vida, va a ver como lo reciben. Justamente iba hacia ahí cuando fui asaltado por unos malhechores que me robaron y me dejaron por muerto...
Ante la indiferencia del Viejo, el Herido no tuvo más remedio que callarse, y siguieron el resto del viaje en silencio y los vanos intentos del Herido por comenzar un diálogo. Dos días después llegan a la entrada del pueblo. Frente al cementerio el viejo se detiene...
- ¿Qué hacemos aquí? -pregunta el Herido.
- - Tengo que ver a alguien, dice el viejo. Acompáñeme.
Al Herido le cuesta bajar del caballo. Cuando entra al cementerio ve al Viejo arrodillado frente a una tumba.
Se queda en silencio mirando a su salvador y preguntándose sobre el muerto. Se sobresalta cuando el Viejo comienza a hablar como adivinando su pensamiento:
- Tenía solo catorce años..., recién cumplidos. Quiso ayudar a su madre para poder alimentar a sus hermanos y fue a trabajar en la cocina de una estancia. Volvió embarazada, nadie la comprendió. No pudo soportar ni el engaño que la llevó a ese estado, ni la incomprensión de sus seres queridos, que la hacían sentir injustamente sucia. - luego, sin dejar de mirar la tumba, el Viejo prosiguió hablando mientras señalaba - Yo tuve que bajarla de aquel árbol.
- ¿Sabe lo terrible que es tener que descolgar a una nietita de un árbol?
Al hacer la pregunta el Viejo se movió y dejo a la vista del Herido la placa que rezaba: «Margarita Paredes». Un frío corrió por la espalda del Herido, y miró al Viejo que se encontraba parado a pocos metros de él con su facón reluciente. Y comenzó a reírse sin parar, con risa de locura y entre hipos dijo:
- Es una broma.. Verdad. ¿Porque alimentarme durante una semana? ¿Por qué curarme... ?¿Por qué soportar a un moribundo delirante por las noches? ¿Para luego matarlo? ¡No tiene sentido...
- ¿Porque señor, -comenzó a decir el viejo, señalando la tumba - porque le prometí a mi nieta que regaría su tumba con la sangre que ella llevaba en el vientre? Por eso. Porque mi palabra es lo único que tengo, y la hago valer...
El Herido se queda quieto mientras el Viejo se acercaba y comenzó a gritar. Un grito de horror que se cortó de golpe en el vasto silencio del cementerio, mientras murmuraba sus ultima palabras ¿Porque Dios mío me has abandonado...
Domingo, 28 de octubre de 2001
Piensa en su familia y toma fuerzas. Piensa en Dios, se siente abandonado por Él. En su delirio le reclama con insistencia ¡! Señor, no me abandones por favor!! Perdona mis pecados, salva mi vida y te prometo ser un servidor tuyo... el viento que sopla en el desierto parece aullar y el sol lo adormece. Recuerda que salió para cerrar unos negocios en la ciudad, que le compraría algún regalo a su única hija y un precioso reloj a su mujer, que le llevaría una semana por lo menos, así que por ese tiempo nadie se preocupará. Y para entonces, estará muerto.
Nadie pasa por allí. El sol dibuja espejos en el horizonte y perlas en su frente. Una raíz que sobresale de la tierra, le enlaza el pie y queda tendido sobre el polvo del camino. ¿Para que levantarse? Cierra los ojos y duerme. Sabe que no va a despertar, pero se duerme.
Una figura se detiene a su lado, baja del caballo y da vuelta el cuerpo del moribundo, y mientras escupe entre dientes hacia un costado del camino dice: - ¡al fin...
El fresco de la noche lo despertó. Abrió los ojos y vio las estrellas a través de las ramas de un majestuoso e imponente ombú, bajo el cuál se encontraba tendido sobre unas frazadas. Intento levantarse pero una mano lo retuvo del hombro.
- Cuídese amigo! Todavía está débil. Hace muchos días que esta allí, y le aseguro que la Muerte todavía lo está rondando.
El hombre viejo siguió afilando su facón y no dijo más nada. El Herido lo miró unos segundos, y ante la indiferencia de su sanador, agradecido a Dios y rendido, se durmió, esta vez con sueño de tranquilidad.
A la madrugada partieron en silencio. De la boca del viejo no salían palabras y el Herido preguntó: - - ¿adónde vamos?
- - - A Carmen de Areco...
- - - Fantástico!!! , Dijo el herido. Allí tengo parientes que le agradecerán haberme salvado la vida, va a ver como lo reciben. Justamente iba hacia ahí cuando fui asaltado por unos malhechores que me robaron y me dejaron por muerto...
Ante la indiferencia del Viejo, el Herido no tuvo más remedio que callarse, y siguieron el resto del viaje en silencio y los vanos intentos del Herido por comenzar un diálogo. Dos días después llegan a la entrada del pueblo. Frente al cementerio el viejo se detiene...
- ¿Qué hacemos aquí? -pregunta el Herido.
- - Tengo que ver a alguien, dice el viejo. Acompáñeme.
Al Herido le cuesta bajar del caballo. Cuando entra al cementerio ve al Viejo arrodillado frente a una tumba.
Se queda en silencio mirando a su salvador y preguntándose sobre el muerto. Se sobresalta cuando el Viejo comienza a hablar como adivinando su pensamiento:
- Tenía solo catorce años..., recién cumplidos. Quiso ayudar a su madre para poder alimentar a sus hermanos y fue a trabajar en la cocina de una estancia. Volvió embarazada, nadie la comprendió. No pudo soportar ni el engaño que la llevó a ese estado, ni la incomprensión de sus seres queridos, que la hacían sentir injustamente sucia. - luego, sin dejar de mirar la tumba, el Viejo prosiguió hablando mientras señalaba - Yo tuve que bajarla de aquel árbol.
- ¿Sabe lo terrible que es tener que descolgar a una nietita de un árbol?
Al hacer la pregunta el Viejo se movió y dejo a la vista del Herido la placa que rezaba: «Margarita Paredes». Un frío corrió por la espalda del Herido, y miró al Viejo que se encontraba parado a pocos metros de él con su facón reluciente. Y comenzó a reírse sin parar, con risa de locura y entre hipos dijo:
- Es una broma.. Verdad. ¿Porque alimentarme durante una semana? ¿Por qué curarme... ?¿Por qué soportar a un moribundo delirante por las noches? ¿Para luego matarlo? ¡No tiene sentido...
- ¿Porque señor, -comenzó a decir el viejo, señalando la tumba - porque le prometí a mi nieta que regaría su tumba con la sangre que ella llevaba en el vientre? Por eso. Porque mi palabra es lo único que tengo, y la hago valer...
El Herido se queda quieto mientras el Viejo se acercaba y comenzó a gritar. Un grito de horror que se cortó de golpe en el vasto silencio del cementerio, mientras murmuraba sus ultima palabras ¿Porque Dios mío me has abandonado...
Domingo, 28 de octubre de 2001
jueves, 29 de enero de 2009
A Barack Obama
Estimado Sr Presidente:
Como le sucedió a Franklin Delano Roosevelt hace tres cuartos de siglo, usted está haciéndose cargo en un momento en el que todas las verdades establecidas han desaparecido y toda la sabiduría convencional demostró estar equivocada. Vivimos en un mundo que ni usted ni nadie esperaba ver. Muchos presidentes han tenido que lidiar con crisis, pero muy pocos se han visto obligados a hacerlo desde el primer día con una crisis como la que Estados Unidos enfrenta hoy.
Entonces, ¿qué debería hacer?
En esta carta no voy a tratar de aconsejarlo acerca de todo. En gran parte me voy a limitar a la economía, o a asuntos relacionados con la economía. También voy a hacer foco en cosas que usted puede o podría lograr en su primer año de mandato. El éxito o fracaso de su gobierno dependerá en gran parte de lo que suceda en el primer año- y, sobre todo, de si logra controlar la crisis económica actual.
LA CRISIS ECONÓMICA
¿Qué tan malas son las perspectivas económicas? Peor de lo que casi nadie se hubiera imaginado.
El crecimiento económico en la era Bush estuvo alimentado por un estallido de la deuda privada; ahora los mercados de crédito están dados vuelta, las empresas y los consumidores se están retrayendo y la economía está en caída libre. A lo que nos enfrentamos, en esencia, es una enorme brecha labora. La economía de Estados Unidos necesita sumar más de un millón de puestos de trabajo por año sólo para mantenerse al ritmo de la creciente población. Incluso antes de la crisis, bajo el mandato de Bush el crecimiento de la ocupación promedió sólo 800.000 puestos por año – y durante el año pasado, en lugar de ganar un millón más de puestos, perdimos 2 millones. Hoy seguimos perdiendo puestos de trabajo al ritmo de medio millón por mes.
No hay nada en los datos ni en la situación subyacente que sugiera que la caída del empleo vaya a aminorar pronto, lo cual significa que para fines de este año podemos llegar a tener 10 millones de trabajos menos de lo que deberíamos. Esto, a su vez, implicaría una tasa de desempleo de más del 9 por ciento. Sumémosle aquellos que no son considerados en la tasa estándar porque ya no buscan trabajo, más los que se ven forzados a tomar trabajos part-time cuando lo que quieren es trabajar full time, y probablemente estaremos viendo un desempleo real de alrededor del 15 % - más de 20 millones de norteamericanos que ven frustrados sus esfuerzos para conseguir trabajo.
El costo humano de una caída tan severa sería enorme. El Center on Budget and Policy Priorities, un grupo de investigación independiente que analiza programas gubernamentales, estimó hace poco que los efectos de un aumento del desempleo darían una tasa del nueve por cierno – un peor escenario posible que ahora luce muy probable. ¿Qué pasará entonces si el desempleo llega al 9 por ciento o más? Diez millones de estadounidenses de clase media serán empujados a la pobreza, y otros seis millones a la indigencia, un severo estado de privación que sucede cuando el sueldo está a menos de la mitad del nivel de pobreza. Muchos de los estadounidenses que pierdan sus trabajos también perderán su seguro médico, empeorando el ya lúgubre estado de la salud en los Estados Unidos, e inundando las salas de emergencia con aquellas personas que no tienen otro lugar a donde ir. Mientras tanto, otros millones de estadounidenses perderán sus casas. Los gobiernos provinciales y locales, habiendo perdido gran parte de sus ingresos, tendrán que hacer recortes incluso en los servicios más esenciales.
Si las cosas siguen su curso actual, Sr. Presidente, pronto estaremos frente a una gran catástrofe nacional. Y es su tarea – una que ningún otro presidente tuvo que hacer desde la Segunda Guerra – evitar esa catástrofe. Un momento, dirá usted. ¿Acaso otros presidentes no enfrentaron economías problemáticas también? Sí, lo hicieron, pero cuando se trató de política económica, sus predecesores no controlaban realmente la cosa. Durante la última mitad del siglo la Reserva Federal – una institución más o menos independiente, dirigida por tecnócratas diseñados a propósito para ser independientes de quien quiera que esté en la Casa Blanca – se ha estado encargando de la administración económica día tras día, e incluso año tras año. Sus colegas presidentes sólo acompañaban.
¿Se acuerda del boom económico de 1984, que permitió que Ronald Reagan use el slogan "Amaneció de nuevo en Estados Unidos"? Bueno, Reagan no tuvo absolutamente nada que ver con ese boom. Fue, en cambio, obra de Paul Volcker, que había sido nombrado por Jimmy Carter como director de la Federal Reserve Board en 1979 (y que ahora es el jefe de su panel de asesores en economía) Primero Volcker le quebró la espalda a la inflación, con el costo de una recesión que probablemente haya condenado a muerte las chances de reelección de Carter en 1980. Luego Volcker diseñó una recuperación económica. En efecto, Reagan se puso el uniforme y simuló ser el gran piloto de la economía, pero Volcker fue el tipo que realmente piloteó el avión y lo aterrizó a salvo.
Usted, en cambio, tiene que levantar este avión va en picada solo, porque la Fed ha perdido su poder. Compare la situación de ahora con la que había en los ochenta, cuando Volcker dio vuelta la economía. En ese momento, a la Fed le bastaba con emitir un montón de dólares (Ok, de hecho acreditó el dinero a las cuentas de los bancos privados, pero el resultado final es el mismo) y luego usar esos dólares para comprar deuda del gobierno de Estados Unidos. Esto bajó las tasas de interés: cuando Volcker decidió que la economía necesitaba una ayuda para levantarse, rápidamente fue capaz de llevar la tasa de interés de los papeles del Tesoro del 13 al 8 por ciento. Tasas de interés más bajas de la deuda oficial, a su vez, rápidamente hicieron bajar las tasas de las hipotecas y los préstamos comerciales. La gente comenzó a gastar de nuevo, y en unos meses la economía había pasado de la depresión al boom. Los economistas llaman a este proceso –de la decisión de la Fed de emitir más dinero a la consecuente suba del consumo, el empleo y los ingresos – el "mecanismo de transmisión monetaria". Y en los ochenta ese mecanismo funcionó bien.
Esta vez, sin embargo, el mecanismo de transmisión está quebrado.
En primer lugar, aunque la Fed todavía puede emitir dinero, no puede bajar las tasas de interés. ¿Por qué? Porque esas tasas de interés ya son tan bajas como es posible. Mientras escribo esta carta, la tasa de interés en bonos del Tesoro es 0,005 por ciento – o sea, cero. Y las tasas no se pueden bajar más que eso.
Ahora, usted puede pensar que tasas de interés en cero llevarían a una orgía del crédito. Pero aunque el gobierno de los Estados Unidos puede prestar dinero gratis, el resto de nosotros no puede. El miedo domina los mercados financieros, por lo cual desde hace más de un año y medio, a medida que las tasas de interés sobre la deuda pública se han precipitado, las tasas de interés que el común de la gente tiene que pagar en su mayoría han subido. En particular, muchas empresas están pagando tasas de interés mucho más altas ahora que hace un año y medio, cuando la Fed no había empezado con los recortes. Y tienen suerte, si se los compara con las muchas empresas que no pueden obtener nada de crédito.
Además, incluso si más gente pudiera pedir prestado, ¿realmente querrían gastar? Hay una sobreabundancia de casas sin vender en el mercado, así que hay muy poco incentivo para construir más casas, sin importar cuán bajas estén las tasas de interés hipotecarias. Lo mismo pasa con la inversión comercial: con los edificios de oficinas vacíos, los shoppings rogando por inquilinos y las fábricas paradas, ¿quién va a querer gastar dinero en productividad? Y con los trabajadores preocupados por mantener sus puestos de trabajo, la gente que está tratando de ahorrar unos dólares podrá ir en malón a los comercios que ofrecen grandes descuentos, pero no muchos van a querer comprar grandes productos, como los autos, que son los que normalmente alimentan una recuperación económica.
Entonces, decía, la Fed ha perdido su poder. Ben Bernanke y sus colegas están probando todo lo que se les ocurre para descongelar los mercados de crédito – la ensalada de nuevas "instituciones prestamistas" con siglas que nadie puede recordar crece minuto a minuto. Hay un chiste que dice que en cualquier momento, todos tendrán una tarjeta Visa con el logo de la Fed. Pero en el mejor de los casos, toda esta actividad sólo servirá para limitar el daño. No hay ningún pronóstico realista de que la Fed pueda sacar a la economía de la caída que atraviesa.
Así que depende de usted.
RESCATANDO A LA ECONOMÍA
El último presidente que tuvo que enfrentar un lío semejante fue Franklin Delano Roosevelt, y usted puede aprender mucho de su ejemplo. Esto no significa, sin embargo, que usted deba hacer todo lo que hizo FDR. Por el contrario, usted debe intentar emular sus éxitos, pero evitar repetir sus errores.
Acerca de esos éxitos: La forma en la que FDR lidió con el desastre financiero de su época ofrece un muy buen modelo. Entonces, como ahora, el gobierno tuvo que usar el dinero de los impuestos para rescatar al sistema financiero. En particular, la Reconstruction Finance Corporation tuvo en principio un rol similar a la Troubled Assets Relief Program de la administración Bush (el programa de $700 billones que todos conocen) De la misma forma que el TARP, la RFC engordó el efectivo de los bancos en problemas usando fondos públicos para comprar y subir las acciones de esos bancos.
Había, sin embargo, una gran diferencia entre la forma en que FDR manejó el rescate financiero subsidiado con recaudación impositiva, y la que llevó a cabo la administración Bush: a saber, que a FDR no le dio vergüenza pedir que el dinero de la gente sea usado para servir al bien común. Para 1935, el gobierno de EE.UU. era dueño de cerca de un tercio del sistema bancario, y la administración Roosevelt utilizó esa porción de propiedad para insistir con que los bancos ayuden de hecho a la economía, presionándolos para que presten el dinero que Washington les estaba dando. Más aún, el New Deal se lanzó a prestar un montón de dinero – directamente a empresas y gente que quería comprar su casa, y a gente que ya era propietaria, ayudándolos a reestructurar sus hipotecas para que puedan quedarse con sus casas.
¿Puede usted hacer algo como eso hoy? Sí, puede. La administración Bush podrá haber se negado a poner condiciones para la ayuda a las compañías financieras, pero usted puede cambiar eso. Si los bancos necesitan fondos federales para sobrevivir, provéaselos, pero demande que los bancos hagan su parte prestando esos fondos al resto de la economía. Otorgue más ayuda a los propietarios. Utilice a la Asociación Federal Nacional Hipotecaria y a la Corporación Federal de Préstamos Hipotecarios - las agencias de préstamos inmobiliarios- para transmitir los bajos costos de los préstamos oficiales a propietarios calificados (las dos agencias fueron incautadas por reguladores federales en Septiembre, pero extrañamente la administración Bush ha mantenido sus costos de préstamo altos, negándose a declarar que sus bonos están respaldados por la pura fe y el crédito de los contribuyentes)
Los conservadores van a acusarlo de nacionalizar el sistema financiero, y algunos lo llamarán marxista (a mí me pasa todo el tiempo) Y la verdad es que usted estará, de alguna manera, llevando a cabo una nacionalización temporaria. Pero eso está bien: en términos generales, no queremos que el gobierno maneje a las instituciones financieras, pero por ahora necesitamos hacer lo que sea para logar que el crédito vuelva a fluir.
Todo esto va a contribuir – pero no lo suficiente. Sin duda usted deberá tratar de solucionar el problema de los bancos y otras instituciones financieras. Pero para sacar a la economía de su caída, debe ir más allá de canalizar dinero a los bancos y otras instituciones financieras. Debe darle un impulso a la economía real del trabajo y los ingresos. En otras palabras, tiene que arreglar bien el tema creación de empleo – cosa que FDR nunca hizo.
Esto puede sonar raro. Después de todo, lo que se recuerda de los años treinta es la Works Progress Administration, que en su punto más alto dio empleo a millones de estadounidenses construyendo caminos, escuelas y represas. Pero los programas de creación de empleo del New Deal, si bien contribuyeron de verdad, no fueron lo suficientemente grandes ni sostenidos como para terminar con la Gran Depresión. Cuando la economía está en profunda depresión, uno tiene que dejar de lado las habituales preocupaciones acerca de déficits presupuestarios; FDR nunca logró hacerlo. Como resultado, fue demasiado precavido: el impulso que le dio a la economía entre 1933 y 1936 fue suficiente como para bajar el desempleo, pero no a los niveles pre-Depresión. Y en 1937 dejó que los guerreros del déficit lo afecten: aunque la economía todavía estaba débil, dejó que lo convenzan de recortar el gasto al mismo tiempo que subía los impuestos. Esto llevó a una severa recesión que deshizo mucho del progreso que la economía había logrado hasta ese punto. Tuvo que venir el enorme proyecto público conocido como Segunda Guerra Mundial – un proyecto que silenció al fin a los tacaños – para que la Depresión llegue a su fin.
La lección del limitado éxito de FDR en el frente del trabajo, entonces, es que usted tiene que ser verdaderamente audaz en sus planes de creación de empleo. Básicamente, las empresas y los consumidores están recortando muchísimo sus gastos, dejando a la economía con un enorme déficit de demanda, que llevará a una enorme caída del empleo – a menos que usted lo frene. Para frenarlo, sin embargo, debe gastar lo suficiente como para llenar el agujero que dejó la reducción del sector privado.
¿De cuánto gasto estamos hablando? Quizás sea mejor que se siente antes de seguir leyendo. Ok, aquí va: "Pleno empleo" significa una tasa de desempleo del cinco por ciento como mucho, y probablemente menos. Mientras, hoy estamos en una trayectoria que empujará la tasa de desempleo al nueve por ciento o más. Incluso los estimados más optimistas sugieren que se necesitan al menos $200 billones al año de gasto público para bajar la tasa de desempleo en un punto porcentual. Haga la suma: usted probablemente tiene que gastar $800 billones al año para lograr una recuperación económica total. Menos de 500 billones por año será demasiado poco como para generar un cambio económico.
Un gasto a esa escala, en tiempos en que la economía, debilitada, está haciendo bajar la recaudación impositiva, producirá unas cifras de déficit realmente atemorizantes. Pero las consecuencias de ser demasiado cuidadoso - o de no hacer lo suficiente como para frenar la caída en picada de la economía – serán aún más terroríficas que el océano de tinta roja que se viene.
De hecho, el problema más grande con el que se va a enfrentar al intentar rescatar a la economía será el de encontrar suficientes programas laborales que puedan empezar rápidamente. Los tradicionales programas del estilo WPA – gastar en rutas, edificios públicos, puertos, y otras infraestructuras – son una herramienta muy efectiva para crear empleo. Pero Estados Unidos tiene probablemente algo menos de $150 billones en proyectos del estilo, que están listos para hundir la pala ahora mismo, que pueden comenzarse en seis meses o menos. Así que va a tener que ser creativo: deberá encontrar muchas otras formas de meter fondos en la economía.
Debería gastar todo lo que sea posible en cosas de valor a largo plazo, cosas que – como las rutas y los puentes – hará que éste sea un país más rico. Aumentar la infraestructura detrás de Internet, mejorar la red eléctrica, mejorar la tecnología informática en el sector de la salud, una parte crucial de cualquier reforma del sistema de cobertura médica. Suministre ayuda a los gobiernos provinciales y municipales, para prevenir que recorten gastos de inversión en el momento menos propicio. Y, cuando haga esto recuerde que todo ese gasto cumple una función doble: sirve para el futuro, pero también ayuda en el presente, dando trabajo e ingresos para compensar el desplome.
También puede hacer lo correcto haciendo un bien. Los estadounidenses que fueron más golpeados por la caída – los desocupados crónicos, las familias sin seguro médico – también son los estadounidenses que más probablemente gasten cualquier ayuda que reciban, y de esa manera ayudan a sostener la economía como un todo. Así que la ayuda a los necesitados – un mayor seguro de desempleo, vales de comida, susidios para seguros médicos – es al mismo tiempo algo justo y una parte deseada de su plan económico en el corto plazo.
Sin embargo, aún si hace esto no será suficiente para compensar la increíble caída del gasto privado. Así que sí, también tiene sentido recortar los impuestos temporalmente. Los recortes impositivos deberían ir principalmente a los estadounidenses de ingresos bajos y medios; una vez más, porque es lo más justo y porque es más probable que ellos - en vez de los mejor acomodados – gasten la ayuda que reciban. Las exenciones impositivas para familias trabajadoras que usted expuso en su plan de campaña parece un instrumento razonable.
Pero seamos claros: los recortes impositivos no son la mejor herramienta para luchar contra la recesión económica. En primer lugar, rinden menos que el gasto en infraestructura, porque no hay ninguna garantía de que los consumidores vayan a gastar sus recortes o reembolsos impositivos. Como resultado, probablemente se requieran recortes por más de $300 billones, comparados con los $200 billones en obras públicas, para bajar un punto la tasa de desempleo. Más aún, a la larga va a necesitar más recaudación impositiva, y no menos, para pagar la reforma del sistema de salud. Entonces, los recortes impositivos no deberían ser el núcleo de su programa de recuperación económica. Deberían, en cambio, ser una forma de agrandar su programa de creación de empleo, que de otra manera no será lo suficientemente grande.
Mi sincera opinión es que incluso con todo esto, usted no podrá evitar que 2009 sea un año muy malo. Si logra que la tasa de desempleo no pase del ocho por ciento, voy a considerar eso un gran éxito. Pero para 2010 usted debería ser capaz de poner a la economía en camino a la recuperación. ¿Cómo debería prepararse para esa recuperación?
MÁS ALLÁ DE LA CRISIS
El manejo de la crisis es algo importante, pero Estados Unidos necesita mucho más que eso. FDR reconstruyó Estados Unidos no sólo haciendo que atravesemos a salvo la depresión y la guerra, sino también convirtiéndonos en una sociedad más justa y segura. Por un lado, creó programas de seguro social, en especial el Seguro de Desempleo, que ha protegido a los trabajadores estadounidenses hasta el día de hoy. Por otro, supervisó la creación de una economía mucho más igualitaria, creando una sociedad de clase media que duró décadas, hasta que las políticas económicas conservadoras trajeron la nueva era de la desigualdad que reina hoy. Usted tiene una oportunidad de emular los logros de FDR, y el juicio final sobre su presidencia descansará sobre si usted aprovecha o no esa oportunidad.
El legado más importante que puede dejarle al país será darnos, finalmente, aquello que todas las naciones desarrolladas del mundo ya tienen: atención médica garantizada para todos sus ciudadanos. La crisis actual nos ha dado una lección acerca de la necesidad de una cobertura médica universal de dos maneras. Ha subrayado la vulnerabilidad de los estadounidenses cuyo seguro médico está atado a trabajos que pueden desaparecer fácilmente. Y ha dejado claro que nuestro sistema actual es además un mal negocio – las Tres Grandes automotrices no estarían en semejantes problemas si no hubieran intentado pagar los gastos médicos de sus antiguos empleados además de los de sus actuales trabajadores. Usted tiene el mandato de cambiar las cosas; la crisis económica ha demostrado que el sistema necesita ser cambiado. Y ahora es el momento de aprobar las leyes que establezcan un sistema que de cobertura a todos.
¿Cómo debería ser este sistema? Algunos progresistas insisten en que debemos ir inmediatamente hacia un sistema de pago individual (Medicare para todos) Si bien ésta sería la manera más justa y eficiente de asegurarse que todos los estadounidenses obtengan el sistema de atención médica que necesitan, seamos francos: es probable que el pago individual no sea factible políticamente ahora mismo, simplemente porque representaría un cambio demasiado grande. Al menos al principio, los estadounidenses que tienen un buen seguro médico privado serán reticentes a cambiar ese seguro por un programa público, aunque ese programa al final demuestre ser mejor.
Entonces lo que hay que hacer en su primer año es aprobar un plan de compromiso – uno que establezca, por primera vez, el principio del acceso universal a la atención médica. Sus propuestas de campaña proveen el esquema. Deje que la gente mantenga su seguro privado si así lo desea, subsidie el seguro para familias de bajos ingresos, exija que todos los niños estén cubiertos, y dé a todos la opción de pasarse a un sistema público – uno que probablemente termine siendo más barato y mejor que el seguro privado. Apruebe leyes haciendo todo esto, y tendremos cobertura médica universal funcionando para fines de su primer mandato. Y eso será un logro que – al igual que la creación del Seguro de Desempleo por FDR – cambiará Estados Unidos para mejor de manera permanente.
Todo esto va a costar dinero, en su mayoría para pagar esos subsidios para seguros, y alguna gente le dirá que el país no puede pagar una gran reforma del sistema de salud dados los costos del programa de recuperación económica. Hablemos de por qué debería usted ignorar a los que dicen no.
Primero, pongamos en perspectiva los costos del programa de recuperación económica. Es posible que resucitar la economía pueda costar trillones de dólares a lo largo de su primer mandato. Pero la administración Bush desperdició como mínimo la mitad de eso en una guerra innecesaria y recortes impositivos para los más ricos; el plan de recuperación será intenso pero temporario, y no significará una carga muy grande sobre los futuros presupuestos. Piénselo de esta manera: con la deuda federal de largo plazo pagando la menor tasa de interés en cincuenta años, los costos en intereses de un trillón de dólares de deuda nueva sumarán apenas $30 billones anuales, cerca del 1,2 por ciento del actual presupuesto federal.
Segundo, hay buenas razones para creer que la reforma del sistema de salud en el largo plazo será un ahorro de dinero. Nuestro sistema no sólo está lleno de agujeros en cuanto a cobertura, también es muy ineficiente y con enormes costos burocráticos, como los inmensos recursos que las compañías de seguros emplean en asegurarse de no dar cobertura a las personas que más necesitan atención médica. Y bajo un sistema universal será mucho más fácil utilizar sabiamente nuestros dólares del sistema de salud, gastar dinero sólo en procedimientos médicos que funcionen y no en los que no lo hacen. Dado que el alza de los costos en atención médica es la fuente de las sombrías proyecciones a largo plazo para el presupuesto federal, la verdad es que no podemos dejar de avanzar hacia la reforma del sistema de salud.
Y no ignoremos los efectos políticos en el largo plazo. Allá por 1993, cuando los Clinton intentaron y fracasaron en crear un sistema universal de salud, estrategas republicanos como William Kristol (hoy colega mío en el New York Times) pidió a su partido que se oponga políticamente a cualquier reforma; ellos argumentaron que un exitoso programa de cobertura médica – que enviaría el mensaje de que el gobierno puede efectivamente servir al bien común – esencialmente cambiaría el rumbo de la política estadounidense hacia una dirección progresista. Tenían razón – y las mismas consideraciones que llevaron a los conservadores a oponerse tanto a la reforma sanitaria deberían ser las que lo hagan a usted decidirse firmemente a hacerla realidad.
La atención médica universal, entonces, debería ser su prioridad numero uno luego de rescatar a la economía. Proveer cobertura para todos los estadounidenses puede ser para su administración lo que el Seguro de Desempleo fue para el New Deal. Pero el New Deal logró otra cosa: convirtió a Estados Unidos en una sociedad de clase media. Bajo FDR, Estados Unidos atravesó lo que los historiadores del trabajo llaman la Gran Compresión, un aumento dramático de los sueldos de los trabajadores comunes que redujo muchísimo la desigualdad de ingresos. Antes de la Gran Compresión, Estados Unidos era una sociedad de ricos y pobres; después fue una sociedad en la que mucha gente, con justicia, se consideró a sí misma como clase media. Puede ser difícil igualar ese logro hoy en día, pero usted puede, al menos, orientar al país en la dirección adecuada.
¿Qué causó la Gran Compresión? Es una historia complicada, pero un factor importante fue el surgimiento de la organización sindical: la cantidad de trabajadores sindicalizados se triplicó entre 1935 y 1945. Los sindicatos no sólo negociaron mejores sueldos para sus miembros, también aumentaron el poder de negociación de los trabajadores a lo largo de la economía. En ese momento, los conservadores advirtieron que los aumentos de sueldo tendrían desastrosas consecuencias económicas – que el surgimiento de los sindicatos paralizaría el empleo y el crecimiento económico. Pero de hecho, la Gran Compresión fue seguida por el gran boom de posguerra, que duplicó los estándares de vida de Estados Unidos en el curso de una generación.
Desafortunadamente, la Gran Compresión se revirtió a principios de los 70, a medida que los trabajadores estadounidenses perdieron gran parte de su poder de negociación. Esta pérdida se debió en parte a cambios en la economía mundial, cuando las compañías manufactureras estadounidenses empezaron a enfrentar una mayor competencia internacional. Pero también tuvo mucho que ver con la política, ya que la administración Reagan primero, y la de Bush luego, hicieron todo lo posible para limitar la capacidad de organización de los trabajadores.
Usted puede comenzar a revertir ese proceso. Obviamente, no llegará ver a los sindicatos triplicando su número de afiliados en algún tiempo cercano. Pero puede hacer muchas cosas para fortalecer los derechos de los trabajadores. Una es empezar a poner los cimientos para que se apruebe la Employee Free Choice Act, que le haría mucho más difícil a los empleadores intimidar a los trabajadores que desean afiliarse a un sindicato. Sé que probablemente no sucederá en su primer año, pero si sucede, y cuando suceda, la legislación hará que Estados Unidos de un enorme paso adelante hacia recuperar la sociedad de clase media que hemos perdido.
VERDAD Y RECONCILIACIÓN
Hay muchos otros asuntos de los que deberá ocuparse, por supuesto. En particular, no mencioné ni una palabra acerca de la política ambiental, que es finalmente el tema más importante de todos. Y no lo hice porque sospecho que no será posible aprobar un plan integral para abordar el tema del cambio climático en su primer año. Sin dudas, incluya en el plan de recuperación inicial toda la inversión relacionada con el ambiente que pueda, como puede ser gastar en la mejora de la eficiencia energética. Pero supongo que 2009 no será el año para introducir medidas cap and trade (comercio de derechos de emisión) para reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Si me equivoco, genial – pero no espero grandes movidas en política ambiental enseguida.
Tampoco dije nada acerca de la política exterior. Su equipo es muy conciente de la necesidad de aminorar la guerra en Irak – la cual, ya que estamos, cada año está costando casi tanto como lo que nos costarían los subsidios a los seguros necesarios para implementar la cobertura médica universal. Usted también es conciente de la necesidad de encontrar la solución menos mala para el desastre de Afganistán. Y no quiero ni pensar en Pakistán – pero usted sí debe hacerlo. Buena suerte.
Hay, sin embargo, un área en la que siento que no puedo ser disciplinado. Soy un economista, pero también soy ciudadano estadounidense – y como muchos ciudadanos, he pasado los últimos ocho años viendo horrorizado cómo la administración Bush traicionó los ideales de la nación. Y no creo que podamos dejar esos terribles años atrás a menos que hagamos un reconocimiento total de lo que pasó realmente.
Sé que la mayoría de la gente de Washington le está pidiendo que olvide el pasado, de la misma manera que le pidieron a Clinton que mantenga oculta la verdad sobre los escándalos de los años Reagan-Bush, en especial el asunto Irán-Contras. Pero sabemos cómo terminó eso. La misma gente que abusó del poder en nombre de la seguridad nacional hace 20 años volvió como parte del equipo que –bajo el segundo George Bush – lo hizo de nuevo, y en una escala mucho más grande. Fue una lección acerca de lo verdaderas que son las palabras de George Santayana: aquellos que no aprenden de su pasado están condenados a repetirlo.
Por eso esta vez necesitamos una explicación completa. No una casa de brujas, quizás ni siquiera procesamientos, pero algo como la Truth and Reconciliation Commission (Comisión por la Verdad y la Reconciliación) que ayudó a Sudáfrica a reconocer lo que sucedió durante el apartheid. Debemos saber cómo fue que Estados Unidos terminó peleando una guerra para destruir armas que no existían, cómo la tortura se convirtió en un instrumento de rutina de la política estadounidense, cómo el Departamento de Justicia se volvió un instrumento de persecución política, cómo la corrupción descarada floreció no sólo en Irak, pero a lo largo del Congreso y la administración. Sabemos que estos males no fueron, a pesar de lo que digan los apologistas, el resultado de errores sinceros o un par de manzanas podridas: la Casa Blanca generó un clima en el que el abuso se volvió habitual, y en muchos casos probablemente fue el instigador principal de estos abusos. Pero no alcanza con dejar a esta realidad en el ámbito de las cosas que "todo el mundo sabe", porque pronto serán negadas u olvidadas, y el ciclo de abuso volverá a empezar. Toda esta historia macabra debe ser sacada a la luz.
Probablemente sea mejor que el Congreso lidere la investigación de los años Bush, pero su administración puede hacer su parte, evitando usar su influencia para desalentar las investigaciones, y también poniendo fin al muro de silencio de la administración Bush. Permita que el Congreso tenga acceso a los registros y los testigos, y deje que la verdad sea dicha.
Dicho esto, el futuro es lo más importante. Este mes celebramos su llegada a la Casa Blanca; en tiempos de gran crisis nacional, usted trae consigo la esperanza de un futuro mejor. Ahora depende de usted cumplir con esa esperanza. Llevando a cabo un programa de recuperación aún más audaz y completo que el New Deal, usted puede no sólo dar vuelta la economía, puede poner a Estados Unidos en el camino hacia una mayor igualdad para las próximas generaciones.
Respetuosamente,
Paul Krugman
Paul Krugman es uno de los intelectuales más importantes de Estados Unidos. Profesor en Princeton y columnista del New York Times, escribió gran parte de esta carta durante su viaje a Suecia para recibir el Premio Nobel de Economía. Es colaborador habitual de Rolling Stone.
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Como le sucedió a Franklin Delano Roosevelt hace tres cuartos de siglo, usted está haciéndose cargo en un momento en el que todas las verdades establecidas han desaparecido y toda la sabiduría convencional demostró estar equivocada. Vivimos en un mundo que ni usted ni nadie esperaba ver. Muchos presidentes han tenido que lidiar con crisis, pero muy pocos se han visto obligados a hacerlo desde el primer día con una crisis como la que Estados Unidos enfrenta hoy.
Entonces, ¿qué debería hacer?
En esta carta no voy a tratar de aconsejarlo acerca de todo. En gran parte me voy a limitar a la economía, o a asuntos relacionados con la economía. También voy a hacer foco en cosas que usted puede o podría lograr en su primer año de mandato. El éxito o fracaso de su gobierno dependerá en gran parte de lo que suceda en el primer año- y, sobre todo, de si logra controlar la crisis económica actual.
LA CRISIS ECONÓMICA
¿Qué tan malas son las perspectivas económicas? Peor de lo que casi nadie se hubiera imaginado.
El crecimiento económico en la era Bush estuvo alimentado por un estallido de la deuda privada; ahora los mercados de crédito están dados vuelta, las empresas y los consumidores se están retrayendo y la economía está en caída libre. A lo que nos enfrentamos, en esencia, es una enorme brecha labora. La economía de Estados Unidos necesita sumar más de un millón de puestos de trabajo por año sólo para mantenerse al ritmo de la creciente población. Incluso antes de la crisis, bajo el mandato de Bush el crecimiento de la ocupación promedió sólo 800.000 puestos por año – y durante el año pasado, en lugar de ganar un millón más de puestos, perdimos 2 millones. Hoy seguimos perdiendo puestos de trabajo al ritmo de medio millón por mes.
No hay nada en los datos ni en la situación subyacente que sugiera que la caída del empleo vaya a aminorar pronto, lo cual significa que para fines de este año podemos llegar a tener 10 millones de trabajos menos de lo que deberíamos. Esto, a su vez, implicaría una tasa de desempleo de más del 9 por ciento. Sumémosle aquellos que no son considerados en la tasa estándar porque ya no buscan trabajo, más los que se ven forzados a tomar trabajos part-time cuando lo que quieren es trabajar full time, y probablemente estaremos viendo un desempleo real de alrededor del 15 % - más de 20 millones de norteamericanos que ven frustrados sus esfuerzos para conseguir trabajo.
El costo humano de una caída tan severa sería enorme. El Center on Budget and Policy Priorities, un grupo de investigación independiente que analiza programas gubernamentales, estimó hace poco que los efectos de un aumento del desempleo darían una tasa del nueve por cierno – un peor escenario posible que ahora luce muy probable. ¿Qué pasará entonces si el desempleo llega al 9 por ciento o más? Diez millones de estadounidenses de clase media serán empujados a la pobreza, y otros seis millones a la indigencia, un severo estado de privación que sucede cuando el sueldo está a menos de la mitad del nivel de pobreza. Muchos de los estadounidenses que pierdan sus trabajos también perderán su seguro médico, empeorando el ya lúgubre estado de la salud en los Estados Unidos, e inundando las salas de emergencia con aquellas personas que no tienen otro lugar a donde ir. Mientras tanto, otros millones de estadounidenses perderán sus casas. Los gobiernos provinciales y locales, habiendo perdido gran parte de sus ingresos, tendrán que hacer recortes incluso en los servicios más esenciales.
Si las cosas siguen su curso actual, Sr. Presidente, pronto estaremos frente a una gran catástrofe nacional. Y es su tarea – una que ningún otro presidente tuvo que hacer desde la Segunda Guerra – evitar esa catástrofe. Un momento, dirá usted. ¿Acaso otros presidentes no enfrentaron economías problemáticas también? Sí, lo hicieron, pero cuando se trató de política económica, sus predecesores no controlaban realmente la cosa. Durante la última mitad del siglo la Reserva Federal – una institución más o menos independiente, dirigida por tecnócratas diseñados a propósito para ser independientes de quien quiera que esté en la Casa Blanca – se ha estado encargando de la administración económica día tras día, e incluso año tras año. Sus colegas presidentes sólo acompañaban.
¿Se acuerda del boom económico de 1984, que permitió que Ronald Reagan use el slogan "Amaneció de nuevo en Estados Unidos"? Bueno, Reagan no tuvo absolutamente nada que ver con ese boom. Fue, en cambio, obra de Paul Volcker, que había sido nombrado por Jimmy Carter como director de la Federal Reserve Board en 1979 (y que ahora es el jefe de su panel de asesores en economía) Primero Volcker le quebró la espalda a la inflación, con el costo de una recesión que probablemente haya condenado a muerte las chances de reelección de Carter en 1980. Luego Volcker diseñó una recuperación económica. En efecto, Reagan se puso el uniforme y simuló ser el gran piloto de la economía, pero Volcker fue el tipo que realmente piloteó el avión y lo aterrizó a salvo.
Usted, en cambio, tiene que levantar este avión va en picada solo, porque la Fed ha perdido su poder. Compare la situación de ahora con la que había en los ochenta, cuando Volcker dio vuelta la economía. En ese momento, a la Fed le bastaba con emitir un montón de dólares (Ok, de hecho acreditó el dinero a las cuentas de los bancos privados, pero el resultado final es el mismo) y luego usar esos dólares para comprar deuda del gobierno de Estados Unidos. Esto bajó las tasas de interés: cuando Volcker decidió que la economía necesitaba una ayuda para levantarse, rápidamente fue capaz de llevar la tasa de interés de los papeles del Tesoro del 13 al 8 por ciento. Tasas de interés más bajas de la deuda oficial, a su vez, rápidamente hicieron bajar las tasas de las hipotecas y los préstamos comerciales. La gente comenzó a gastar de nuevo, y en unos meses la economía había pasado de la depresión al boom. Los economistas llaman a este proceso –de la decisión de la Fed de emitir más dinero a la consecuente suba del consumo, el empleo y los ingresos – el "mecanismo de transmisión monetaria". Y en los ochenta ese mecanismo funcionó bien.
Esta vez, sin embargo, el mecanismo de transmisión está quebrado.
En primer lugar, aunque la Fed todavía puede emitir dinero, no puede bajar las tasas de interés. ¿Por qué? Porque esas tasas de interés ya son tan bajas como es posible. Mientras escribo esta carta, la tasa de interés en bonos del Tesoro es 0,005 por ciento – o sea, cero. Y las tasas no se pueden bajar más que eso.
Ahora, usted puede pensar que tasas de interés en cero llevarían a una orgía del crédito. Pero aunque el gobierno de los Estados Unidos puede prestar dinero gratis, el resto de nosotros no puede. El miedo domina los mercados financieros, por lo cual desde hace más de un año y medio, a medida que las tasas de interés sobre la deuda pública se han precipitado, las tasas de interés que el común de la gente tiene que pagar en su mayoría han subido. En particular, muchas empresas están pagando tasas de interés mucho más altas ahora que hace un año y medio, cuando la Fed no había empezado con los recortes. Y tienen suerte, si se los compara con las muchas empresas que no pueden obtener nada de crédito.
Además, incluso si más gente pudiera pedir prestado, ¿realmente querrían gastar? Hay una sobreabundancia de casas sin vender en el mercado, así que hay muy poco incentivo para construir más casas, sin importar cuán bajas estén las tasas de interés hipotecarias. Lo mismo pasa con la inversión comercial: con los edificios de oficinas vacíos, los shoppings rogando por inquilinos y las fábricas paradas, ¿quién va a querer gastar dinero en productividad? Y con los trabajadores preocupados por mantener sus puestos de trabajo, la gente que está tratando de ahorrar unos dólares podrá ir en malón a los comercios que ofrecen grandes descuentos, pero no muchos van a querer comprar grandes productos, como los autos, que son los que normalmente alimentan una recuperación económica.
Entonces, decía, la Fed ha perdido su poder. Ben Bernanke y sus colegas están probando todo lo que se les ocurre para descongelar los mercados de crédito – la ensalada de nuevas "instituciones prestamistas" con siglas que nadie puede recordar crece minuto a minuto. Hay un chiste que dice que en cualquier momento, todos tendrán una tarjeta Visa con el logo de la Fed. Pero en el mejor de los casos, toda esta actividad sólo servirá para limitar el daño. No hay ningún pronóstico realista de que la Fed pueda sacar a la economía de la caída que atraviesa.
Así que depende de usted.
RESCATANDO A LA ECONOMÍA
El último presidente que tuvo que enfrentar un lío semejante fue Franklin Delano Roosevelt, y usted puede aprender mucho de su ejemplo. Esto no significa, sin embargo, que usted deba hacer todo lo que hizo FDR. Por el contrario, usted debe intentar emular sus éxitos, pero evitar repetir sus errores.
Acerca de esos éxitos: La forma en la que FDR lidió con el desastre financiero de su época ofrece un muy buen modelo. Entonces, como ahora, el gobierno tuvo que usar el dinero de los impuestos para rescatar al sistema financiero. En particular, la Reconstruction Finance Corporation tuvo en principio un rol similar a la Troubled Assets Relief Program de la administración Bush (el programa de $700 billones que todos conocen) De la misma forma que el TARP, la RFC engordó el efectivo de los bancos en problemas usando fondos públicos para comprar y subir las acciones de esos bancos.
Había, sin embargo, una gran diferencia entre la forma en que FDR manejó el rescate financiero subsidiado con recaudación impositiva, y la que llevó a cabo la administración Bush: a saber, que a FDR no le dio vergüenza pedir que el dinero de la gente sea usado para servir al bien común. Para 1935, el gobierno de EE.UU. era dueño de cerca de un tercio del sistema bancario, y la administración Roosevelt utilizó esa porción de propiedad para insistir con que los bancos ayuden de hecho a la economía, presionándolos para que presten el dinero que Washington les estaba dando. Más aún, el New Deal se lanzó a prestar un montón de dinero – directamente a empresas y gente que quería comprar su casa, y a gente que ya era propietaria, ayudándolos a reestructurar sus hipotecas para que puedan quedarse con sus casas.
¿Puede usted hacer algo como eso hoy? Sí, puede. La administración Bush podrá haber se negado a poner condiciones para la ayuda a las compañías financieras, pero usted puede cambiar eso. Si los bancos necesitan fondos federales para sobrevivir, provéaselos, pero demande que los bancos hagan su parte prestando esos fondos al resto de la economía. Otorgue más ayuda a los propietarios. Utilice a la Asociación Federal Nacional Hipotecaria y a la Corporación Federal de Préstamos Hipotecarios - las agencias de préstamos inmobiliarios- para transmitir los bajos costos de los préstamos oficiales a propietarios calificados (las dos agencias fueron incautadas por reguladores federales en Septiembre, pero extrañamente la administración Bush ha mantenido sus costos de préstamo altos, negándose a declarar que sus bonos están respaldados por la pura fe y el crédito de los contribuyentes)
Los conservadores van a acusarlo de nacionalizar el sistema financiero, y algunos lo llamarán marxista (a mí me pasa todo el tiempo) Y la verdad es que usted estará, de alguna manera, llevando a cabo una nacionalización temporaria. Pero eso está bien: en términos generales, no queremos que el gobierno maneje a las instituciones financieras, pero por ahora necesitamos hacer lo que sea para logar que el crédito vuelva a fluir.
Todo esto va a contribuir – pero no lo suficiente. Sin duda usted deberá tratar de solucionar el problema de los bancos y otras instituciones financieras. Pero para sacar a la economía de su caída, debe ir más allá de canalizar dinero a los bancos y otras instituciones financieras. Debe darle un impulso a la economía real del trabajo y los ingresos. En otras palabras, tiene que arreglar bien el tema creación de empleo – cosa que FDR nunca hizo.
Esto puede sonar raro. Después de todo, lo que se recuerda de los años treinta es la Works Progress Administration, que en su punto más alto dio empleo a millones de estadounidenses construyendo caminos, escuelas y represas. Pero los programas de creación de empleo del New Deal, si bien contribuyeron de verdad, no fueron lo suficientemente grandes ni sostenidos como para terminar con la Gran Depresión. Cuando la economía está en profunda depresión, uno tiene que dejar de lado las habituales preocupaciones acerca de déficits presupuestarios; FDR nunca logró hacerlo. Como resultado, fue demasiado precavido: el impulso que le dio a la economía entre 1933 y 1936 fue suficiente como para bajar el desempleo, pero no a los niveles pre-Depresión. Y en 1937 dejó que los guerreros del déficit lo afecten: aunque la economía todavía estaba débil, dejó que lo convenzan de recortar el gasto al mismo tiempo que subía los impuestos. Esto llevó a una severa recesión que deshizo mucho del progreso que la economía había logrado hasta ese punto. Tuvo que venir el enorme proyecto público conocido como Segunda Guerra Mundial – un proyecto que silenció al fin a los tacaños – para que la Depresión llegue a su fin.
La lección del limitado éxito de FDR en el frente del trabajo, entonces, es que usted tiene que ser verdaderamente audaz en sus planes de creación de empleo. Básicamente, las empresas y los consumidores están recortando muchísimo sus gastos, dejando a la economía con un enorme déficit de demanda, que llevará a una enorme caída del empleo – a menos que usted lo frene. Para frenarlo, sin embargo, debe gastar lo suficiente como para llenar el agujero que dejó la reducción del sector privado.
¿De cuánto gasto estamos hablando? Quizás sea mejor que se siente antes de seguir leyendo. Ok, aquí va: "Pleno empleo" significa una tasa de desempleo del cinco por ciento como mucho, y probablemente menos. Mientras, hoy estamos en una trayectoria que empujará la tasa de desempleo al nueve por ciento o más. Incluso los estimados más optimistas sugieren que se necesitan al menos $200 billones al año de gasto público para bajar la tasa de desempleo en un punto porcentual. Haga la suma: usted probablemente tiene que gastar $800 billones al año para lograr una recuperación económica total. Menos de 500 billones por año será demasiado poco como para generar un cambio económico.
Un gasto a esa escala, en tiempos en que la economía, debilitada, está haciendo bajar la recaudación impositiva, producirá unas cifras de déficit realmente atemorizantes. Pero las consecuencias de ser demasiado cuidadoso - o de no hacer lo suficiente como para frenar la caída en picada de la economía – serán aún más terroríficas que el océano de tinta roja que se viene.
De hecho, el problema más grande con el que se va a enfrentar al intentar rescatar a la economía será el de encontrar suficientes programas laborales que puedan empezar rápidamente. Los tradicionales programas del estilo WPA – gastar en rutas, edificios públicos, puertos, y otras infraestructuras – son una herramienta muy efectiva para crear empleo. Pero Estados Unidos tiene probablemente algo menos de $150 billones en proyectos del estilo, que están listos para hundir la pala ahora mismo, que pueden comenzarse en seis meses o menos. Así que va a tener que ser creativo: deberá encontrar muchas otras formas de meter fondos en la economía.
Debería gastar todo lo que sea posible en cosas de valor a largo plazo, cosas que – como las rutas y los puentes – hará que éste sea un país más rico. Aumentar la infraestructura detrás de Internet, mejorar la red eléctrica, mejorar la tecnología informática en el sector de la salud, una parte crucial de cualquier reforma del sistema de cobertura médica. Suministre ayuda a los gobiernos provinciales y municipales, para prevenir que recorten gastos de inversión en el momento menos propicio. Y, cuando haga esto recuerde que todo ese gasto cumple una función doble: sirve para el futuro, pero también ayuda en el presente, dando trabajo e ingresos para compensar el desplome.
También puede hacer lo correcto haciendo un bien. Los estadounidenses que fueron más golpeados por la caída – los desocupados crónicos, las familias sin seguro médico – también son los estadounidenses que más probablemente gasten cualquier ayuda que reciban, y de esa manera ayudan a sostener la economía como un todo. Así que la ayuda a los necesitados – un mayor seguro de desempleo, vales de comida, susidios para seguros médicos – es al mismo tiempo algo justo y una parte deseada de su plan económico en el corto plazo.
Sin embargo, aún si hace esto no será suficiente para compensar la increíble caída del gasto privado. Así que sí, también tiene sentido recortar los impuestos temporalmente. Los recortes impositivos deberían ir principalmente a los estadounidenses de ingresos bajos y medios; una vez más, porque es lo más justo y porque es más probable que ellos - en vez de los mejor acomodados – gasten la ayuda que reciban. Las exenciones impositivas para familias trabajadoras que usted expuso en su plan de campaña parece un instrumento razonable.
Pero seamos claros: los recortes impositivos no son la mejor herramienta para luchar contra la recesión económica. En primer lugar, rinden menos que el gasto en infraestructura, porque no hay ninguna garantía de que los consumidores vayan a gastar sus recortes o reembolsos impositivos. Como resultado, probablemente se requieran recortes por más de $300 billones, comparados con los $200 billones en obras públicas, para bajar un punto la tasa de desempleo. Más aún, a la larga va a necesitar más recaudación impositiva, y no menos, para pagar la reforma del sistema de salud. Entonces, los recortes impositivos no deberían ser el núcleo de su programa de recuperación económica. Deberían, en cambio, ser una forma de agrandar su programa de creación de empleo, que de otra manera no será lo suficientemente grande.
Mi sincera opinión es que incluso con todo esto, usted no podrá evitar que 2009 sea un año muy malo. Si logra que la tasa de desempleo no pase del ocho por ciento, voy a considerar eso un gran éxito. Pero para 2010 usted debería ser capaz de poner a la economía en camino a la recuperación. ¿Cómo debería prepararse para esa recuperación?
MÁS ALLÁ DE LA CRISIS
El manejo de la crisis es algo importante, pero Estados Unidos necesita mucho más que eso. FDR reconstruyó Estados Unidos no sólo haciendo que atravesemos a salvo la depresión y la guerra, sino también convirtiéndonos en una sociedad más justa y segura. Por un lado, creó programas de seguro social, en especial el Seguro de Desempleo, que ha protegido a los trabajadores estadounidenses hasta el día de hoy. Por otro, supervisó la creación de una economía mucho más igualitaria, creando una sociedad de clase media que duró décadas, hasta que las políticas económicas conservadoras trajeron la nueva era de la desigualdad que reina hoy. Usted tiene una oportunidad de emular los logros de FDR, y el juicio final sobre su presidencia descansará sobre si usted aprovecha o no esa oportunidad.
El legado más importante que puede dejarle al país será darnos, finalmente, aquello que todas las naciones desarrolladas del mundo ya tienen: atención médica garantizada para todos sus ciudadanos. La crisis actual nos ha dado una lección acerca de la necesidad de una cobertura médica universal de dos maneras. Ha subrayado la vulnerabilidad de los estadounidenses cuyo seguro médico está atado a trabajos que pueden desaparecer fácilmente. Y ha dejado claro que nuestro sistema actual es además un mal negocio – las Tres Grandes automotrices no estarían en semejantes problemas si no hubieran intentado pagar los gastos médicos de sus antiguos empleados además de los de sus actuales trabajadores. Usted tiene el mandato de cambiar las cosas; la crisis económica ha demostrado que el sistema necesita ser cambiado. Y ahora es el momento de aprobar las leyes que establezcan un sistema que de cobertura a todos.
¿Cómo debería ser este sistema? Algunos progresistas insisten en que debemos ir inmediatamente hacia un sistema de pago individual (Medicare para todos) Si bien ésta sería la manera más justa y eficiente de asegurarse que todos los estadounidenses obtengan el sistema de atención médica que necesitan, seamos francos: es probable que el pago individual no sea factible políticamente ahora mismo, simplemente porque representaría un cambio demasiado grande. Al menos al principio, los estadounidenses que tienen un buen seguro médico privado serán reticentes a cambiar ese seguro por un programa público, aunque ese programa al final demuestre ser mejor.
Entonces lo que hay que hacer en su primer año es aprobar un plan de compromiso – uno que establezca, por primera vez, el principio del acceso universal a la atención médica. Sus propuestas de campaña proveen el esquema. Deje que la gente mantenga su seguro privado si así lo desea, subsidie el seguro para familias de bajos ingresos, exija que todos los niños estén cubiertos, y dé a todos la opción de pasarse a un sistema público – uno que probablemente termine siendo más barato y mejor que el seguro privado. Apruebe leyes haciendo todo esto, y tendremos cobertura médica universal funcionando para fines de su primer mandato. Y eso será un logro que – al igual que la creación del Seguro de Desempleo por FDR – cambiará Estados Unidos para mejor de manera permanente.
Todo esto va a costar dinero, en su mayoría para pagar esos subsidios para seguros, y alguna gente le dirá que el país no puede pagar una gran reforma del sistema de salud dados los costos del programa de recuperación económica. Hablemos de por qué debería usted ignorar a los que dicen no.
Primero, pongamos en perspectiva los costos del programa de recuperación económica. Es posible que resucitar la economía pueda costar trillones de dólares a lo largo de su primer mandato. Pero la administración Bush desperdició como mínimo la mitad de eso en una guerra innecesaria y recortes impositivos para los más ricos; el plan de recuperación será intenso pero temporario, y no significará una carga muy grande sobre los futuros presupuestos. Piénselo de esta manera: con la deuda federal de largo plazo pagando la menor tasa de interés en cincuenta años, los costos en intereses de un trillón de dólares de deuda nueva sumarán apenas $30 billones anuales, cerca del 1,2 por ciento del actual presupuesto federal.
Segundo, hay buenas razones para creer que la reforma del sistema de salud en el largo plazo será un ahorro de dinero. Nuestro sistema no sólo está lleno de agujeros en cuanto a cobertura, también es muy ineficiente y con enormes costos burocráticos, como los inmensos recursos que las compañías de seguros emplean en asegurarse de no dar cobertura a las personas que más necesitan atención médica. Y bajo un sistema universal será mucho más fácil utilizar sabiamente nuestros dólares del sistema de salud, gastar dinero sólo en procedimientos médicos que funcionen y no en los que no lo hacen. Dado que el alza de los costos en atención médica es la fuente de las sombrías proyecciones a largo plazo para el presupuesto federal, la verdad es que no podemos dejar de avanzar hacia la reforma del sistema de salud.
Y no ignoremos los efectos políticos en el largo plazo. Allá por 1993, cuando los Clinton intentaron y fracasaron en crear un sistema universal de salud, estrategas republicanos como William Kristol (hoy colega mío en el New York Times) pidió a su partido que se oponga políticamente a cualquier reforma; ellos argumentaron que un exitoso programa de cobertura médica – que enviaría el mensaje de que el gobierno puede efectivamente servir al bien común – esencialmente cambiaría el rumbo de la política estadounidense hacia una dirección progresista. Tenían razón – y las mismas consideraciones que llevaron a los conservadores a oponerse tanto a la reforma sanitaria deberían ser las que lo hagan a usted decidirse firmemente a hacerla realidad.
La atención médica universal, entonces, debería ser su prioridad numero uno luego de rescatar a la economía. Proveer cobertura para todos los estadounidenses puede ser para su administración lo que el Seguro de Desempleo fue para el New Deal. Pero el New Deal logró otra cosa: convirtió a Estados Unidos en una sociedad de clase media. Bajo FDR, Estados Unidos atravesó lo que los historiadores del trabajo llaman la Gran Compresión, un aumento dramático de los sueldos de los trabajadores comunes que redujo muchísimo la desigualdad de ingresos. Antes de la Gran Compresión, Estados Unidos era una sociedad de ricos y pobres; después fue una sociedad en la que mucha gente, con justicia, se consideró a sí misma como clase media. Puede ser difícil igualar ese logro hoy en día, pero usted puede, al menos, orientar al país en la dirección adecuada.
¿Qué causó la Gran Compresión? Es una historia complicada, pero un factor importante fue el surgimiento de la organización sindical: la cantidad de trabajadores sindicalizados se triplicó entre 1935 y 1945. Los sindicatos no sólo negociaron mejores sueldos para sus miembros, también aumentaron el poder de negociación de los trabajadores a lo largo de la economía. En ese momento, los conservadores advirtieron que los aumentos de sueldo tendrían desastrosas consecuencias económicas – que el surgimiento de los sindicatos paralizaría el empleo y el crecimiento económico. Pero de hecho, la Gran Compresión fue seguida por el gran boom de posguerra, que duplicó los estándares de vida de Estados Unidos en el curso de una generación.
Desafortunadamente, la Gran Compresión se revirtió a principios de los 70, a medida que los trabajadores estadounidenses perdieron gran parte de su poder de negociación. Esta pérdida se debió en parte a cambios en la economía mundial, cuando las compañías manufactureras estadounidenses empezaron a enfrentar una mayor competencia internacional. Pero también tuvo mucho que ver con la política, ya que la administración Reagan primero, y la de Bush luego, hicieron todo lo posible para limitar la capacidad de organización de los trabajadores.
Usted puede comenzar a revertir ese proceso. Obviamente, no llegará ver a los sindicatos triplicando su número de afiliados en algún tiempo cercano. Pero puede hacer muchas cosas para fortalecer los derechos de los trabajadores. Una es empezar a poner los cimientos para que se apruebe la Employee Free Choice Act, que le haría mucho más difícil a los empleadores intimidar a los trabajadores que desean afiliarse a un sindicato. Sé que probablemente no sucederá en su primer año, pero si sucede, y cuando suceda, la legislación hará que Estados Unidos de un enorme paso adelante hacia recuperar la sociedad de clase media que hemos perdido.
VERDAD Y RECONCILIACIÓN
Hay muchos otros asuntos de los que deberá ocuparse, por supuesto. En particular, no mencioné ni una palabra acerca de la política ambiental, que es finalmente el tema más importante de todos. Y no lo hice porque sospecho que no será posible aprobar un plan integral para abordar el tema del cambio climático en su primer año. Sin dudas, incluya en el plan de recuperación inicial toda la inversión relacionada con el ambiente que pueda, como puede ser gastar en la mejora de la eficiencia energética. Pero supongo que 2009 no será el año para introducir medidas cap and trade (comercio de derechos de emisión) para reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Si me equivoco, genial – pero no espero grandes movidas en política ambiental enseguida.
Tampoco dije nada acerca de la política exterior. Su equipo es muy conciente de la necesidad de aminorar la guerra en Irak – la cual, ya que estamos, cada año está costando casi tanto como lo que nos costarían los subsidios a los seguros necesarios para implementar la cobertura médica universal. Usted también es conciente de la necesidad de encontrar la solución menos mala para el desastre de Afganistán. Y no quiero ni pensar en Pakistán – pero usted sí debe hacerlo. Buena suerte.
Hay, sin embargo, un área en la que siento que no puedo ser disciplinado. Soy un economista, pero también soy ciudadano estadounidense – y como muchos ciudadanos, he pasado los últimos ocho años viendo horrorizado cómo la administración Bush traicionó los ideales de la nación. Y no creo que podamos dejar esos terribles años atrás a menos que hagamos un reconocimiento total de lo que pasó realmente.
Sé que la mayoría de la gente de Washington le está pidiendo que olvide el pasado, de la misma manera que le pidieron a Clinton que mantenga oculta la verdad sobre los escándalos de los años Reagan-Bush, en especial el asunto Irán-Contras. Pero sabemos cómo terminó eso. La misma gente que abusó del poder en nombre de la seguridad nacional hace 20 años volvió como parte del equipo que –bajo el segundo George Bush – lo hizo de nuevo, y en una escala mucho más grande. Fue una lección acerca de lo verdaderas que son las palabras de George Santayana: aquellos que no aprenden de su pasado están condenados a repetirlo.
Por eso esta vez necesitamos una explicación completa. No una casa de brujas, quizás ni siquiera procesamientos, pero algo como la Truth and Reconciliation Commission (Comisión por la Verdad y la Reconciliación) que ayudó a Sudáfrica a reconocer lo que sucedió durante el apartheid. Debemos saber cómo fue que Estados Unidos terminó peleando una guerra para destruir armas que no existían, cómo la tortura se convirtió en un instrumento de rutina de la política estadounidense, cómo el Departamento de Justicia se volvió un instrumento de persecución política, cómo la corrupción descarada floreció no sólo en Irak, pero a lo largo del Congreso y la administración. Sabemos que estos males no fueron, a pesar de lo que digan los apologistas, el resultado de errores sinceros o un par de manzanas podridas: la Casa Blanca generó un clima en el que el abuso se volvió habitual, y en muchos casos probablemente fue el instigador principal de estos abusos. Pero no alcanza con dejar a esta realidad en el ámbito de las cosas que "todo el mundo sabe", porque pronto serán negadas u olvidadas, y el ciclo de abuso volverá a empezar. Toda esta historia macabra debe ser sacada a la luz.
Probablemente sea mejor que el Congreso lidere la investigación de los años Bush, pero su administración puede hacer su parte, evitando usar su influencia para desalentar las investigaciones, y también poniendo fin al muro de silencio de la administración Bush. Permita que el Congreso tenga acceso a los registros y los testigos, y deje que la verdad sea dicha.
Dicho esto, el futuro es lo más importante. Este mes celebramos su llegada a la Casa Blanca; en tiempos de gran crisis nacional, usted trae consigo la esperanza de un futuro mejor. Ahora depende de usted cumplir con esa esperanza. Llevando a cabo un programa de recuperación aún más audaz y completo que el New Deal, usted puede no sólo dar vuelta la economía, puede poner a Estados Unidos en el camino hacia una mayor igualdad para las próximas generaciones.
Respetuosamente,
Paul Krugman
Paul Krugman es uno de los intelectuales más importantes de Estados Unidos. Profesor en Princeton y columnista del New York Times, escribió gran parte de esta carta durante su viaje a Suecia para recibir el Premio Nobel de Economía. Es colaborador habitual de Rolling Stone.
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