Amanece. El sol irrumpe lentamente en el horizonte. El mar se desliza suavemente sobre la arena. Como buscando encontrar algún refugio para quedarse... La arena es mujer, le dice que lo esperara y el siempre vuelve. Dos figuras en la playa. El, un hombre fornido, de gran estatura. Ella una mujer joven, pero con mirada ancestral, rubia y de figura desafiante. De mirada con el color de los trigales. Él esta en pijama, de color azul. Había bajado hasta la playa. No podia dormir. Grandes preocupaciones le quitaban el sueno... Ella está elegantemente desnuda. Él se encuentra inseguro y titubeante. Ella es la seguridad inconsciente. Él está de espaldas al mar, de pie, con la cabeza gacha y las manos sobre el abdomen. Ella mira al mar, sentado en la arena, con las piernas recogidas y sus brazos rodeándolas. El viento sopla suavemente.
Ella: ¿Lo sientes?
Él: ¿Qué cosa?
Ella: El viento, tonto. Óyelo.
Él: Ya lo oigo... ¿y?
Ella: No, no... Lo estás escuchando. Óyelo.
Él: ¿Cuál es la diferencia?
Ella: Si lo escuchas significa que lo intentas comprender, y no se trata de eso.
Él: ¿Y de qué se trata entonces?
Ella: De sentirlo.
Él: ¿Y cómo he de sentirlo?
Ella: Oyéndolo.
Él: No lo entiendo.
Ella: Ya lo entenderás.
Él: Explícamelo tú.
Ella: No puedo.
Él: ¿Por qué?
Ella: Porque eso significaría que lo comprendo, y no se trata de eso.
Él: ¿Y de qué se trata entonces?
Ella: Ya te lo he dicho, de sentirlo.
Él: No lo entiendo.
Ella: Ya lo entenderás.
Él: ¿Cuándo?
Ella: Ojalá lo supiera.
Él: ¿Por qué dices eso?
Ella: No lo sé. Vino a mi mente.
Él: ¿Vino a tu mente?
Ella: Vino.
Él: ¿Desde muy lejos?
Ella: El sarcasmo no te sirve. Pero si, desde muy lejos...
Él: Vaya...
Él se da media vuelta y mira al mar. Ella continúa sentada, pero ahora apoya las manos detrás de su cuerpo, e inclina la cabeza hacia atrás.
Él: ¿Por qué estás desnuda?
Ella: Porque me siento cómoda.
Él: Pues yo no.
Ella: ¿Por qué?
Él: Porque estás desnuda.
Ella: Porque yo estoy cómoda te hace sentir incómodo.
Él: No, no es eso.
Ella: ¿Qué entonces?
Él: Estoy incómodo porque estás desnuda.
Ella: Bueno, pues continúa dándome la espalda, así no me ves.
Él: Da igual, sigo incómodo.
Ella: ¿Por qué?
Él: Porque sé que estás desnuda.
Ella: Siempre lo estoy.
Él: Eso no es verdad, te he visto muchas veces con ropa.
Ella: Pero estaba desnuda.
Él: Llevabas ropa.
Ella: Pero debajo de la ropa estaba desnuda.
Él: Ya, pero yo no lo veía.
Ella: Tampoco lo ves ahora.
Él: No es lo mismo.
Ella: Tienes razón.
Él: ¿Tengo razón?
Ella: Sí, cuando llevo ropa, puedes mirarme, aunque sepas que estoy desnuda. Cuando no llevo ropa, no puedes mirarme, y aun estoy desnuda. Es eso, ¿no?
Él: No lo sé.
Ella: Es lo que has dicho.
Él: Suena confuso.
Ella: Sí
Él se da la vuelta nuevamente y la mira. Ella se mantiene en la misma posición.
Él: Vaya, ahora estás más desnuda que antes.
Ella: ¿Se puede estar más desnuda que desnuda?
Él: Antes estaba acurrucada.
Ella: ¿Y?
Él: Y... y no se te veían los pechos.
Ella: Bien. ¿Y qué tal?
Él: Bonitos.
Ella: ¿Bonitos?
Él: Preciosos.
Ella: ¿Preciosos?
Él: Maravillosos.
Ella: Pues yo siempre había creído que eran pequeños.
Él: ¿Y aún así te sientes cómodo estando desnuda?
Ella: Sí.
Él: No lo entiendo.
Ella: No tienes por qué entenderlo.
Él: Pero yo quiero entenderlo.
Ella: ¿Por qué?
Él: Porque me gustas, eres mi amiga, te aprecio...
Ella: No hace falta que me entiendas. Siénteme.
Él: ¿Cómo?
Ella: Como al viento. Óyeme.
Él: Yo creía que entender era importante.
Ella: Quizás te equivocas.
Él: ¿Quizás?
Ella: Oye, yo no lo sé todo. Despierta.
Él: ¿Estoy dormido?
Ella: Eso parece.
Él: Entonces, ¿estoy soñando?
Ella: Sí.
Él anda hasta ella y se sienta a su lado. Ella vuelve a acurrucarse, rodeando sus rodillas con sus brazos.
Ella: Vaya, ya no te doy miedo.
Él: ¿Miedo?
Ella: Miedo, incomodidad... llámalo como quieras,
Él: Quizás me sigues dando miedo, quizás me estoy dando cuenta que me estoy haciendo viejo.
Ella: ¿Qué quieres decir?
Él: No lo sé, vino a mi mente.
Ella: Tocado y hundido.
Él: Oye. Si esto es un sueño, ¿despertaré mañana y tú ya no estarás?
Ella: Depende.
Él: ¿De qué?
Ella: De ti.
Él: Mírame.
Los dos se miran. Él acerca sus labios a los de ella. Se besan un instante y separan sus labios. Continúan hablando mirándose a los ojos.
Ella: Eso ha estado bien.
Él: Sí.
Ella: ¿Cómo sabías que yo también deseaba besarte?
Él: No lo sabía. No se trata de eso.
Ella: ¿Lo sentiste? Aprendes rápido.
Él: Bueno... No exactamente.
Ella: ¿Qué quieres decir?
Él: No lo sentí. Sólo me arriesgué. Pura suerte.
Ella: Vaya, aun te queda mucho que aprender.
Él: Con una profesora como tú, espero tener siempre algo nuevo que aprender.
Ella: Qué cursi, ¿no?
Él: Bueno, yo soy así. ¿Qué le vamos a hacer?
Se oyen unos trinos matinales de pájaros.
Ella: Escucha. Pájaros. Gorriones. ¿En la playa?
Él: No puedo escuchar.
Ella: ¿Por qué?
Él: Porque intento oír.
Ella: Cállate y dame un beso.
Él: ¿Sólo un beso?
Ella: Arriésgate.
Él: Pues vale.
Sus labios van a unirse, pero él se para y continúa hablando, más cerca de ella que antes.
Él: ¿Te he dicho que te quiero?
Ella: Calla, tonto.
Él: Pero, ¿y si me despierto?
Ella: ¿Qué más da?
Él: No quiero perderte.
Ella: No me perderás.
Él: ¿Cómo lo sabes?
Ella: No lo sé, lo siento.
Él: Eres tan bonita...
Y ella lo besa apasionadamente...
Martes, 11 de septiembre de 2001 03:35
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