Caminaba con dificultad por el sendero, y no era para menos. Hace tres días que no come y la herida que tiene en su cintura supuraba un pestilente y sanguinolento líquido de pus. La fiebre le hacía perder la noción de tiempo y espacio, pero el miedo a la muerte le impedía desmayarse.
Piensa en su familia y toma fuerzas. Piensa en Dios, se siente abandonado por Él. En su delirio le reclama con insistencia ¡! Señor, no me abandones por favor!! Perdona mis pecados, salva mi vida y te prometo ser un servidor tuyo... el viento que sopla en el desierto parece aullar y el sol lo adormece. Recuerda que salió para cerrar unos negocios en la ciudad, que le compraría algún regalo a su única hija y un precioso reloj a su mujer, que le llevaría una semana por lo menos, así que por ese tiempo nadie se preocupará. Y para entonces, estará muerto.
Nadie pasa por allí. El sol dibuja espejos en el horizonte y perlas en su frente. Una raíz que sobresale de la tierra, le enlaza el pie y queda tendido sobre el polvo del camino. ¿Para que levantarse? Cierra los ojos y duerme. Sabe que no va a despertar, pero se duerme.
Una figura se detiene a su lado, baja del caballo y da vuelta el cuerpo del moribundo, y mientras escupe entre dientes hacia un costado del camino dice: - ¡al fin...
El fresco de la noche lo despertó. Abrió los ojos y vio las estrellas a través de las ramas de un majestuoso e imponente ombú, bajo el cuál se encontraba tendido sobre unas frazadas. Intento levantarse pero una mano lo retuvo del hombro.
- Cuídese amigo! Todavía está débil. Hace muchos días que esta allí, y le aseguro que la Muerte todavía lo está rondando.
El hombre viejo siguió afilando su facón y no dijo más nada. El Herido lo miró unos segundos, y ante la indiferencia de su sanador, agradecido a Dios y rendido, se durmió, esta vez con sueño de tranquilidad.
A la madrugada partieron en silencio. De la boca del viejo no salían palabras y el Herido preguntó: - - ¿adónde vamos?
- - - A Carmen de Areco...
- - - Fantástico!!! , Dijo el herido. Allí tengo parientes que le agradecerán haberme salvado la vida, va a ver como lo reciben. Justamente iba hacia ahí cuando fui asaltado por unos malhechores que me robaron y me dejaron por muerto...
Ante la indiferencia del Viejo, el Herido no tuvo más remedio que callarse, y siguieron el resto del viaje en silencio y los vanos intentos del Herido por comenzar un diálogo. Dos días después llegan a la entrada del pueblo. Frente al cementerio el viejo se detiene...
- ¿Qué hacemos aquí? -pregunta el Herido.
- - Tengo que ver a alguien, dice el viejo. Acompáñeme.
Al Herido le cuesta bajar del caballo. Cuando entra al cementerio ve al Viejo arrodillado frente a una tumba.
Se queda en silencio mirando a su salvador y preguntándose sobre el muerto. Se sobresalta cuando el Viejo comienza a hablar como adivinando su pensamiento:
- Tenía solo catorce años..., recién cumplidos. Quiso ayudar a su madre para poder alimentar a sus hermanos y fue a trabajar en la cocina de una estancia. Volvió embarazada, nadie la comprendió. No pudo soportar ni el engaño que la llevó a ese estado, ni la incomprensión de sus seres queridos, que la hacían sentir injustamente sucia. - luego, sin dejar de mirar la tumba, el Viejo prosiguió hablando mientras señalaba - Yo tuve que bajarla de aquel árbol.
- ¿Sabe lo terrible que es tener que descolgar a una nietita de un árbol?
Al hacer la pregunta el Viejo se movió y dejo a la vista del Herido la placa que rezaba: «Margarita Paredes». Un frío corrió por la espalda del Herido, y miró al Viejo que se encontraba parado a pocos metros de él con su facón reluciente. Y comenzó a reírse sin parar, con risa de locura y entre hipos dijo:
- Es una broma.. Verdad. ¿Porque alimentarme durante una semana? ¿Por qué curarme... ?¿Por qué soportar a un moribundo delirante por las noches? ¿Para luego matarlo? ¡No tiene sentido...
- ¿Porque señor, -comenzó a decir el viejo, señalando la tumba - porque le prometí a mi nieta que regaría su tumba con la sangre que ella llevaba en el vientre? Por eso. Porque mi palabra es lo único que tengo, y la hago valer...
El Herido se queda quieto mientras el Viejo se acercaba y comenzó a gritar. Un grito de horror que se cortó de golpe en el vasto silencio del cementerio, mientras murmuraba sus ultima palabras ¿Porque Dios mío me has abandonado...
Domingo, 28 de octubre de 2001
domingo, 28 de junio de 2009
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